Hace veinte años, cuando buena parte de la actual comunidad latinoamericana empezaba a construir su vida en España, nuestras preocupaciones eran bastante diferentes.

Había que encontrar trabajo, conseguir los papeles, alquilar una vivienda, reagrupar a la familia y empezar prácticamente desde cero.

La política española parecía muchas veces algo lejano.

Hoy aquella realidad ha cambiado.

Miles de personas que llegaron entonces como inmigrantes tienen nacionalidad española. Sus hijos han crecido aquí y una parte de ellos ya ha alcanzado la mayoría de edad. Trabajan, estudian, emprenden, pagan impuestos y participan de los mismos problemas cotidianos que cualquier otra familia española.

Ahora también votan.

Las elecciones generales anticipadas del próximo 29 de noviembre llegan, por tanto, en un momento especialmente interesante para nuestra comunidad.

El adelanto es oficial. El Real Decreto 806/2026, publicado en el BOE el 6 de octubre, disolvió el Congreso y el Senado elegidos en julio de 2023 y convocó las elecciones para el domingo 29 de noviembre. La campaña comenzará el viernes 13 de noviembre y terminará el viernes 27.

Pero más allá de la batalla electoral entre partidos, hay una fotografía que merece nuestra atención: el peso creciente de los ciudadanos de origen latinoamericano dentro del electorado español.

Alrededor de dos millones

No existe un apartado del censo electoral que diga cuántos «votantes latinos» hay en España.

Y esto es importante aclararlo.

El censo no clasifica a los españoles según sean de origen colombiano, ecuatoriano, venezolano o argentino. Mucho menos existe una categoría electoral llamada «latino».

Por eso cualquier cifra tiene que ser una estimación.

Un trabajo reciente de los investigadores Enrique Borba-Romanelli y Jordi Rodríguez-Virgili, de la Universidad de Navarra, sitúa actualmente este electorado en torno a dos millones de personas. Los propios autores resumieron su investigación en julio de 2026, en The Conversation, bajo un título que lo dice casi todo: «Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios».

Estamos hablando de una cantidad que rondaría el 5 % del electorado español.

Dicho de una manera sencilla: aproximadamente uno de cada veinte electores podría tener origen latinoamericano.

No parece una cifra menor.

Y probablemente todavía no refleja completamente a la segunda generación, porque un joven nacido en España de padres colombianos, ecuatorianos o dominicanos aparece estadísticamente como español nacido en España.

Esto demuestra lo difícil que empieza a ser separar a la comunidad latina del resto de la sociedad española.

Y quizá eso sea precisamente una señal de integración.

Vivir en España no significa poder votar en unas generales

También conviene explicar algo que todavía genera bastante confusión.

Tener residencia legal en España, incluso desde hace muchos años, no da derecho por sí solo a votar en las elecciones generales.

Para elegir Congreso y Senado hay que ser ciudadano español, mayor de edad y estar inscrito en el censo electoral.

El Ministerio del Interior lo establece claramente: en las elecciones a Cortes Generales pueden votar los españoles mayores de edad inscritos en el censo, tanto los residentes en España como aquellos que viven en el extranjero.

Por eso no podemos coger los millones de latinoamericanos que viven actualmente en España y convertirlos automáticamente en votantes.

Hay extranjeros que pueden participar en determinadas elecciones municipales por los acuerdos de reciprocidad que España mantiene con países como Ecuador, Colombia, Chile, Perú, Paraguay o Bolivia, pero esas reglas no se aplican a unas elecciones generales.

La diferencia es importante.

El crecimiento del voto latino no procede simplemente de que estén llegando más personas desde América Latina. Se produce porque una parte de esa inmigración lleva suficientes años en España para haber adquirido la nacionalidad y porque sus hijos están llegando también a la edad adulta.

Eso convierte una transformación demográfica en una transformación política.

Tener derecho a voto tampoco significa acudir a las urnas

Hay otra diferencia importante.

Una cosa es formar parte del censo y otra votar.

Funcas publicó en 2025 una investigación de Santiago Pérez-Nievas y Carles Pamies sobre la participación política de los inmigrantes de primera y segunda generación en España.

Entre los latinoamericanos de primera generación analizados, un 63 % declaró haber votado en las últimas elecciones generales. Entre los de segunda generación, la participación declarada alcanzaba el 78 %.

Los investigadores advierten de las limitaciones que supone trabajar con submuestras pequeñas, por lo que estos porcentajes no deberían utilizarse como una predicción del 29 de noviembre.

Pero sí permiten entender el orden de magnitud.

Si tomáramos como referencia esos dos millones de potenciales electores y una participación cercana al 63 %, estaríamos hablando de alrededor de 1,26 millones de votos.

No sabemos si será esa cifra.

Puede ser mayor o menor.

Lo importante no es adivinarla antes de las elecciones, sino comprender que estamos hablando ya de un electorado considerable.

Y aquí aparece una contradicción interesante.

La investigación de Borba-Romanelli y Rodríguez-Virgili analizó la comunicación electoral del PP y el PSOE a lo largo de cinco elecciones generales. El título con el que los propios investigadores difundieron sus resultados resume su conclusión: dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios específicamente dirigidos a ese electorado.

Es difícil encontrar una imagen mejor de lo que está ocurriendo.

La comunidad ha cambiado más rápido que la manera en que todavía se habla de ella.

Durante mucho tiempo fuimos vistos principalmente como inmigrantes.

Después como trabajadores.

Más tarde empezamos a aparecer también como emprendedores, autónomos y empresarios.

Ahora tenemos que añadir otra palabra: ciudadanos.

Pero no existe «el voto latino»

Aquí debemos evitar otro error.

Dos millones de ciudadanos de origen latinoamericano no piensan igual.

Sería absurdo suponerlo.

Un venezolano que llegó hace cuatro años puede interpretar la política española de una forma muy diferente a un ecuatoriano que lleva aquí desde comienzos de los años 2000.

Un empresario colombiano puede tener preocupaciones distintas de las de una trabajadora peruana.

Y un joven nacido en Valencia de padres latinoamericanos puede tener más cosas en común políticamente con sus compañeros de universidad que con una persona nacida en el país de origen de sus padres.

Dentro de nuestra comunidad existen empresarios y trabajadores, jóvenes y mayores, propietarios e inquilinos, personas de izquierda, de derecha, de centro y personas que no se identifican con ninguna opción.

Por eso creo que intentar descubrir «a quién votarán los latinos» simplifica demasiado una realidad mucho más interesante.

Lo relevante es otra cosa.

Dos millones de ciudadanos que hace algunos años prácticamente no aparecían en el debate electoral están entrando progresivamente en él.

Y sus preocupaciones tampoco son únicamente migratorias.

Les preocupa el precio de la vivienda.

El empleo.

Los salarios.

Los impuestos.

La seguridad.

La educación de sus hijos.

La sanidad.

Las pensiones.

El coste de ser autónomo.

El acceso a financiación.

Naturalmente siguen existiendo asuntos especialmente importantes para muchas familias de origen migrante, como la nacionalidad, la homologación de títulos o la reagrupación familiar.

Pero cuanto más tiempo lleva una persona viviendo en España, más difícil resulta separar sus problemas de los problemas del resto del país.

Eso también es integración.

El 29N será otra fotografía de una comunidad que ha cambiado

En Periódico Latino tendremos una responsabilidad especial durante estas elecciones.

No creo que nuestro trabajo deba consistir en decirle a la comunidad latina a quién votar.

Debe consistir precisamente en lo contrario.

Explicar.

Preguntar.

Contrastar.

Escuchar a los partidos y comprobar qué proponen realmente.

Analizar cómo afectan sus políticas al empleo, la vivienda, los autónomos, la inmigración, la educación o las pensiones.

Y permitir que cada ciudadano llegue a las urnas y tome su propia decisión.

Porque ejercer la ciudadanía no consiste en que alguien decida por nosotros.

Consiste en tener información suficiente para decidir.

Muchos de los latinoamericanos que llegaron a España hace veinte o veinticinco años pensando que algún día regresarían a su país tendrán este 29 de noviembre una papeleta española entre las manos.

Me parece una imagen poderosa.

Primero aprendimos a vivir aquí.

Después empezamos a construir nuestro futuro aquí.

Y ahora una parte cada vez mayor de nuestra comunidad participa también en las decisiones sobre el futuro del país.

No sabemos cuántos de esos aproximadamente dos millones acudirán finalmente a las urnas.

Mucho menos sabemos qué votarán.

Eso lo decidirá cada uno.

Pero hay algo que ya podemos afirmar: el peso ciudadano de la comunidad latina en España está creciendo y difícilmente volverá a ser el que era hace veinte años.

Quizá la siguiente etapa de nuestra integración no consista únicamente en que España nos escuche más.

También en que nosotros entendamos que esta democracia ya forma parte de nuestra propia historia.

Diego Simbaña, CEO y director editorial de Grupo Familia Latinos.