Llevo veinte años al frente de Latinos FM y de los medios de Familia Latinos. En ese tiempo he visto llegar varias olas de nuestra gente a España. Vi a quienes vinieron a principios de los 2000 a levantar obras, cuidar a nuestros mayores y sostener la hostelería. Vi a quienes resistieron la crisis de 2008 y a quienes tuvieron que volverse. Y desde hace unos años veo algo distinto en la calle, en los estudios de radio y en los mensajes que nos llegan: una generación nueva, más preparada que nunca, que entra por la puerta de la universidad.
Son ingenieros, abogadas, psicólogos, administradoras de empresas, periodistas. Terminaron su carrera en Bogotá, Lima, Quito, Ciudad de México o Caracas. Muchos tienen experiencia profesional. Y eligen España para hacer un máster. Pero no se engañen: no vienen solo a estudiar. Vienen a quedarse, a construir, a aportar.
Los números no mienten
No es una impresión mía. Los datos del Observatorio Permanente de la Inmigración, que depende del Ministerio de Inclusión, lo confirman. A 30 de junio de 2026 hay 94.465 personas con autorización de estancia por estudios en vigor en España, un 4,5% más que hace un año. En cinco años esta cifra ha crecido en 51.966 personas, un 122,3%, y más de la mitad de ese aumento lo protagonizan personas de América Central y del Sur.
Cuatro de los cinco países que más han crecido son de nuestra tierra: Colombia (8.566 personas más), Perú (6.582), México (3.878) y Ecuador (3.242). Hoy Colombia es la primera nacionalidad, con 12.438 personas, seguida de Perú con 8.549.
Hay un dato que para mí lo explica todo: la edad. Colombianos, peruanos, chilenos, venezolanos y argentinos tienen una edad media de 30 años. No son chavales recién salidos del colegio. Son profesionales hechos y derechos que ya trabajaron en su país, y en muchos casos vienen con su familia.
El máster es su puerta porque es la más práctica. Mientras la homologación de títulos sigue siendo un calvario, para acceder a un máster universitario oficial en España con un título de fuera del Espacio Europeo no hace falta homologarlo. Nuestra gente es lista: ha encontrado el camino más corto y legal para demostrar lo que vale.
Lo que España gana
Aquí quiero ser claro, porque se habla mucho de migración y casi siempre desde el miedo. Hablemos de lo que España gana.
Gana dinero, hoy mismo. Según el informe «El impacto económico de los estudiantes internacionales en España 2026», patrocinado por ICEX, los estudiantes internacionales generaron un impacto de 8.316 millones de euros en la economía española en el curso 2023-2024, cerca del 0,55% del PIB. Los alumnos de máster, con 134.440 estudiantes, aportan el 39,4% de ese impacto: 3.274 millones de euros. Ese dinero se queda en alquileres, supermercados, transporte, bares y comercios de barrio.
Gana crecimiento. Según el Banco de España, entre 2022 y 2025 la población inmigrante aportó cerca de 1,7 puntos del crecimiento medio anual del PIB, que fue del 3,7%. España cerró 2025 con más de tres millones de afiliados extranjeros a la Seguridad Social, el 14,1% del total. El propio Gobierno reconoce un crecimiento sostenido del talento internacional y de la migración altamente cualificada en muchos sectores.
Gana futuro. Un país que envejece y tiene pocos nacimientos necesita cotizantes jóvenes. Y si además llegan formados, España se ahorra lo más caro: veinte años de educación que pagaron nuestros países de origen. Es talento que llega listo para producir, cotizar y emprender.
Y gana en lo legal. El nuevo Reglamento de Extranjería acertó al permitir que los estudiantes trabajen hasta 30 horas a la semana, que su autorización dure lo mismo que su formación y que tengan una vía rápida hacia el permiso de trabajo al terminar. Es una buena política: no cierra puertas, las ordena.
Lo que falta por hacer
Pero no quiero hacer solo un artículo de celebración. Hay una deuda pendiente. La mitad de los migrantes que llegan a España están sobrecualificados en su trabajo, según un informe de Fedea, sobre todo porque les cuesta que se reconozcan sus títulos. España tuvo que empezar a tramitar un atasco de más de 100.000 solicitudes de homologación a principios de 2025.
Cada ingeniera que sirve mesas y cada médico que cuida niños porque su título está en un cajón del ministerio es talento que España desperdicia. No es solo una injusticia para esa persona: es dinero que el país deja de ganar.
Valencia, en primera fila
Desde Valencia lo vemos de cerca. Después de Madrid y Barcelona, Valencia es la tercera provincia, con el 11% de los estudiantes con autorización de estancia. La Universitat de València y la Politècnica reciben cada año a nuestra gente, y la ciudad empieza a notar esta nueva cara de la comunidad latina: profesional, emprendedora y con ganas.
Mi mirada
Cuando fundamos Latinos FM en 2006, nuestra misión era acompañar a una comunidad que llegaba a España con más sueños que papeles. Veinte años después, esa misión sigue viva, pero la comunidad ha cambiado. Hoy llegan con más títulos que nunca y con los mismos sueños.
A esta nueva generación le digo: su preparación es su mejor pasaporte, pero no están solos. Tienen detrás una comunidad que ya abrió camino.
Y a España le digo: esta ola no es un problema que gestionar, es una inversión que ya les llegó pagada. Tratémosla como tal. Agilicemos la homologación, conectemos universidades y empresas, y dejemos de ver al migrante latino solo como mano de obra. Hoy también es cerebro, liderazgo y futuro.
Somos la generación del máster. Y venimos a sumar.
Diego Simbaña, CEO y director editorial de Grupo Familia Latinos.
