1. Para quienes aún no la conocen, ¿quién es Whitney Godoy y cómo define su camino como hondureña, periodista y mujer al servicio de su comunidad?
Soy una mujer hondureña que ha construido su camino entre la cámara y la palabra. Periodista y fotoperiodista, con más de diez años dedicados a contar realidades humanas que muchas veces el poder prefiere que no se cuenten. Mi trayectoria pasa por el periodismo de calle, un periodismo humano, cercano a la gente y a sus historias, y más recientemente por el servicio consular. Pero si tengo que definirme en una frase: soy alguien que eligió el oficio de contar la verdad como forma de vida, y que ahora, desde Valencia, sigue haciéndolo al servicio de mi comunidad migrante a través de València Sin Fronteras.
2. Como hondureña viviendo en España, ¿cómo ha sido su propia historia migrante y qué aprendizajes le ha dejado construir una vida lejos de su país?
Yo también soy migrante, aunque mi llegada a España fue distinta: llegué como diplomática, con beneficios que muchos compatriotas no tienen. Pero eso no evita el duelo. Dejar a tu familia, tu comodidad, la confianza de estar en tu propio país, es un duelo que se vive igual, con o sin beneficios. Lo que me sostuvo en ese proceso fue hacer lo que me gusta: servir a los demás. Para eso fui asignada, y ejercerlo fue lo que me reconfortó en los momentos más duros.
Después, al salir del consulado, viví unos meses realmente difíciles. Me enfrenté a uno de los procesos más complicados que existen: no contar con la documentación necesaria para trabajar, cuando la necesitas para subsistir. Ahí entendí, ya en carne propia y sin el paraguas institucional, lo que significa el desarraigo. Y ahí también entendí lo vital que son los lazos de apoyo, la comunidad que te sostiene cuando el sistema todavía no te reconoce. Construir una vida lejos de Honduras me ha enseñado que la dignidad no depende de dónde naciste, sino cómo te tratas a ti misma cuando todo es nuevo y todo cuesta el doble.
3. Antes de su labor consular, usted desarrolló una importante trayectoria como periodista. ¿Qué la llevó a elegir el periodismo como herramienta para contar realidades humanas y sociales?
Desde siempre tuve un llamado hacia lo social. Me involucraba en voluntariados, en causas comunitarias, mucho antes de pensar en una carrera. Cuando entré a la universidad tenía clarísimo que debía estudiar periodismo, porque quería servir a la población haciendo un periodismo real, que luchara por evidenciar lo que afecta a la sociedad, no uno cómodo ni complaciente con el poder.
Ejercerlo en Honduras, uno de los países más peligrosos del mundo para hacer periodismo, fue y sigue siendo un reto enorme. Pero es un reto del que me siento profundamente orgullosa, del camino recorrido hasta ahora. Ese orgullo es lo que sostiene todo lo demás.
4. Una de sus experiencias más significativas fue cubrir la caravana migrante. ¿Qué vivió durante esa cobertura y qué historias la marcaron más profundamente?
Viajé con la caravana que salió de Honduras en octubre de 2018. Comenzó con poco más de 2.000 personas y, en el camino, se convirtió en una mega caravana de más de 16.000 personas. Fui la única reportera que hizo el recorrido completo junto a ellos, desde San Pedro Sula hasta Baja California.
Lo que viví no se olvida: el miedo, el hambre, la esperanza que no se apaga aunque el cuerpo esté agotado. De todo lo que fotografié, hay una imagen que no puedo dejar de recordar: un niño de apenas tres años, con la cara sucia y una mirada seria, resignada, que ya había entendido demasiado del mundo para su edad. Esa mirada resume por qué hice ese trabajo, que después se convirtió en la exposición fotográfica Un Éxodo sin Moisés.
5. Después de documentar historias de migración desde el periodismo y vivir también la experiencia migrante en España, ¿cómo cambió su forma de entender el desarraigo, la esperanza y la búsqueda de oportunidades?
Siempre he tenido la conciencia y el respeto por la comunidad migrante, y lo he hecho siempre buscando dignificar su realidad, contarla sin morbo y sin reducirla a una cifra o a una tragedia ajena.
Documentar la migración desde el periodismo me enseñó la teoría del desarraigo. Entendí que quien migra no busca un privilegio, busca lo básico, la posibilidad de empezar de cero sin que la pobreza o la violencia decidan por ti. Esa comprensión, desde adentro, es la que hoy guía mi trabajo con la comunidad hondureña y latinoamericana en Valencia.
6. Durante su etapa como cónsul de Honduras en España, ¿cuáles fueron las principales necesidades que encontró entre la comunidad hondureña?
Durante mi etapa como cónsul de Honduras en Valencia encontré, sobre todo, una gran necesidad de información clara y de acompañamiento humano. Muchos compatriotas llegan sin saber cómo regularizar su situación, sin entender el sistema, y eso genera miedo y aislamiento. También encontré una fuerte necesidad de oportunidades laborales, de acceso a un empleo digno que les permita salir adelante.
Algo que me preocupó mucho es que gran parte de la comunidad migrante desconoce que tiene derechos. Y cuando son vulnerados, muchas veces se llaman al silencio, por miedo, por desconocimiento, por no saber a quién acudir. Pero no debe ser así: los consulados son espacios a los que se puede y se debe acudir, y existen también organizaciones que velan por la protección de la comunidad migrante. Nadie tiene que atravesar eso en soledad ni en silencio.
7. ¿Qué significó para usted pasar del periodismo al servicio consular y tener la responsabilidad de acompañar a sus compatriotas desde una institución?
Fue un cambio de enfoque, no de propósito. Pasé de contar historias desde afuera a acompañarlas desde adentro, con la responsabilidad institucional de representar a mi país y, sobre todo, a mi gente. Fue un honor y también una gran responsabilidad: no se trata solo de trámites, se trata de sostener a alguien que muchas veces llega solo, sin nadie más en quien apoyarse.
Fue también un gran reto poner en práctica, desde dentro, todo aquello que como periodista había criticado como mal manejo institucional. Asumí ese reto como un trabajo de cercanía, de respuesta, de transparencia y de resultados, porque no podía exigir desde afuera lo que no estuviera dispuesta a construir desde adentro.
8. Desde su experiencia, ¿qué retos enfrentan hoy los hondureños en España en temas como documentación, empleo, integración y acceso a información confiable?
Hoy los principales retos siguen siendo la documentación, el acceso a empleo digno y la integración real, no solo administrativa. Y hay algo que me preocupa particularmente, el acceso a información confiable. Circula mucha desinformación sobre procesos migratorios, y eso genera falsas expectativas o, peor, hace que la gente caiga en manos equivocadas. Por eso soy parte de València Sin Fronteras, un proyecto de comunicación del cuerpo consular de Valencia, para que esa información llegue clara, verificada y en un lenguaje cercano.
9. ¿Qué iniciativas, acciones o momentos de su trabajo consular recuerda con más satisfacción por el impacto que tuvieron en la comunidad hondureña?
Recuerdo con especial cariño los momentos en los que pude acompañar procesos que parecían imposibles y terminaron resolviéndose: alguien que logró regularizar su situación, una familia que pudo reunirse, un compatriota que encontró la orientación que necesitaba en el momento justo.
De todo, la reagrupación de menores con sus padres y toda la parte de protección de menores y protección migrante en general ha sido, sin duda, lo más satisfactorio de mi labor. Poder dar respaldo a la comunidad migrante en esos procesos, ver a un niño o una niña reencontrarse con su familia, es de lo que más me llena como profesional y como persona. El impacto real no siempre se mide en cifras, se mide en la tranquilidad que le devuelves a una persona.
10. En el marco de nuestra serie “31 Días, 31 Voces Latinas”, ¿qué mensaje le gustaría enviar a los hondureños y latinoamericanos que están comenzando una nueva vida en España?
A quienes están comenzando una nueva vida en España les diría esto: el desarraigo duele, pero no los define. Ustedes ya demostraron una fortaleza enorme solo con tomar la decisión de empezar de nuevo, y esa misma fortaleza es la que les va a sostener.
España es un país que ofrece oportunidades reales, de formación, de empleo, de estabilidad, y hay que atreverse a tomarlas con disciplina y paciencia. Busquen información confiable, apóyense entre ustedes, construyan comunidad, porque juntos se llega más lejos y más rápido. No dejen que el miedo o la desinformación decidan su camino.
Empezar de cero no es debilidad, es un acto de valentía.