Por Diego Simbaña La Mirada de Diego Simbaña
Hace más de veinte años, cuando comenzamos a hacer comunicación dirigida a la comunidad latina en España, nuestra realidad era muy distinta.
Muchos llegábamos con una maleta, algunos ahorros, muchos sueños y prácticamente la misma pregunta:
¿Podré construir aquí una vida mejor?
La prioridad era encontrar trabajo.
Conseguir los papeles.
Alquilar una habitación.
Regularizar nuestra situación.
Reunir nuevamente a la familia.
Enviar dinero a nuestros padres o a nuestros hijos que se habían quedado al otro lado del Atlántico.
Durante muchos años se habló de nosotros casi exclusivamente como inmigrantes.
Hoy creo que esa palabra, aunque sigue explicando el origen de muchos de nosotros, ya no es suficiente para definir quiénes somos.
Porque los latinos ya no somos simplemente personas que están llegando a España.
Somos parte de España.
España ha cambiado y nosotros también
Los datos permiten entender la dimensión de esta transformación.
España alcanzó los 49.801.559 habitantes a 1 de julio de 2026, el nivel más alto registrado hasta ahora. De ellos, 10.291.807 habían nacido fuera de España.
Es decir, más de uno de cada cinco habitantes del país ha nacido en el extranjero.
Además, el propio Instituto Nacional de Estadística señala que el crecimiento reciente de la población española se debe al aumento de la población nacida fuera del país, mientras disminuye la nacida en España.
Y entre las principales nacionalidades de las personas que siguen llegando aparecen Colombia y Venezuela.
No estamos hablando de una situación temporal.
Estamos hablando de uno de los grandes cambios demográficos, económicos y sociales de la España del siglo XXI.
Pero detrás de esos números existen personas.
Personas que trabajan.
Personas que emprenden.
Personas que alquilan y compran viviendas.
Personas que pagan impuestos.
Personas que cotizan.
Personas que crean negocios.
Personas que consumen.
Personas que estudian.
Personas que forman familias.
Y personas que han decidido hacer de España su hogar.
Ya no podemos hablar únicamente de inmigración
Hay una generación de latinoamericanos que llegó a España hace veinte o veinticinco años y cuya vida está completamente construida aquí.
Muchos compraron una vivienda.
Crearon una empresa.
Formaron una familia.
Cotizaron durante décadas.
Y algunos incluso tienen ya hijos adultos.
Esta segunda generación representa quizá el cambio más importante de todos.
Son jóvenes nacidos o criados en Valencia, Madrid, Barcelona, Alicante, Málaga, Murcia y muchas otras ciudades españolas.
Pueden tener padres ecuatorianos, colombianos, venezolanos, peruanos, bolivianos, dominicanos, argentinos, hondureños o salvadoreños.
Conocen y sienten las raíces de sus familias.
Pero también son parte de España.
Cuando una generación comienza a criar a la siguiente en un país, ya no estamos hablando solamente de inmigración.
Estamos hablando de sociedad.
Y creo que nosotros mismos tenemos que empezar a entender esa diferencia.
Durante muchos años nuestro principal desafío fue sobrevivir.
Ahora nuestro siguiente desafío debe ser participar.
Trabajamos, cotizamos y movemos la economía
La transformación también puede verse claramente en el mercado laboral.
En julio de 2026 España superó por primera vez los 3,5 millones de trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social.
Representan ya aproximadamente el 15,6 % de todos los afiliados del país.
Y varias comunidades latinoamericanas tienen una presencia laboral extraordinariamente importante.
En julio había 347.467 trabajadores colombianos, 247.209 venezolanos y 133.002 peruanos afiliados a la Seguridad Social española.
Solo estas tres nacionalidades suman más de 727.000 trabajadores cotizando.
Son cifras que deberían hacernos reflexionar.
Porque durante demasiado tiempo parte del debate sobre inmigración se ha centrado casi exclusivamente en cuánto cuesta la inmigración.
Quizá ha llegado el momento de hablar también, con datos, de cuánto produce, consume, cotiza, emprende y genera.
Los trabajadores extranjeros tienen además una presencia especialmente significativa en sectores fundamentales para la economía española: representan el 32,9 % de los afiliados en hostelería, el 28 % en agricultura, el 26,6 % en construcción y el 18,4 % en transporte.
España necesita esa fuerza laboral.
Pero creo que nuestra comunidad tiene que aspirar a algo más.
De trabajadores a empresarios
Uno de los cambios que más me interesa observar es el crecimiento del emprendimiento.
España ya supera los 531.000 trabajadores autónomos extranjeros, un 9,2 % más que un año antes.
Y algo particularmente interesante está ocurriendo: la presencia de emprendedores extranjeros comienza a crecer también fuera de los sectores tradicionalmente asociados a la inmigración.
En actividades como Telecomunicaciones y Programación Informática, los trabajadores extranjeros representan ya más de un tercio de los autónomos dados de alta en esa actividad.
Ese dato me parece especialmente significativo.
Porque durante muchos años el emprendimiento latino en España estuvo asociado principalmente al restaurante, la peluquería, la tienda de alimentación, el locutorio, la construcción o pequeños servicios.
Y quiero dejar algo claro: todos esos negocios tienen un enorme valor.
Muchos permitieron sacar adelante familias cuando prácticamente nadie ofrecía una oportunidad.
Pero nuestra siguiente etapa empresarial tiene que ir más lejos.
Necesitamos restaurantes que se conviertan en cadenas.
Comercios que se conviertan en marcas.
Profesionales que construyan consultoras.
Emprendedores que creen compañías tecnológicas.
Empresas latinas de comunicación.
Logística.
Educación.
Servicios financieros.
Marketing.
Salud.
Turismo.
Telecomunicaciones.
Comercio electrónico.
Inmobiliario.
Energía.
Industria.
Y proyectos capaces de operar no solamente en España, sino también entre Europa y América Latina.
La comunidad latina puede ser el punto de partida de nuestras empresas, pero no debe ser necesariamente su límite.
Existe un mercado latino que España todavía no ha terminado de entender
Aquí aparece una oportunidad que, en mi opinión, muchas empresas españolas todavía están infravalorando.
Durante años hemos sido observados fundamentalmente como trabajadores o inmigrantes.
Pero millones de personas que han construido su vida en España representan también hogares con necesidades y decisiones económicas.
Contratan telefonía.
Abren cuentas bancarias.
Solicitan financiación.
Contratan seguros.
Compran y alquilan viviendas.
Compran vehículos.
Viajan.
Utilizan servicios de telecomunicaciones.
Consumen medios.
Van a restaurantes.
Compran alimentación.
Contratan abogados, asesores y gestores.
Envían dinero a otros países.
Estudian.
Emprenden.
Y cada vez toman más decisiones económicas de largo plazo.
Eso significa que existe un mercado latino en España con un enorme potencial de desarrollo.
No me gusta hablar de un mercado “por explotar”, porque las personas no son un recurso que deba explotarse.
Prefiero hablar de un mercado por comprender, atender y desarrollar.
Y existe una enorme diferencia entre ambas ideas.
Las empresas que entiendan antes esta transformación tendrán una ventaja competitiva.
Banca, seguros, telecomunicaciones, vivienda, automoción, alimentación, viajes, tecnología, educación y entretenimiento tienen ante sí una comunidad creciente que no necesariamente quiere productos exclusivamente “para inmigrantes”.
Quiere buenos productos.
Buen servicio.
Financiación.
Confianza.
Representación.
Y empresas que entiendan su realidad.
Pero la oportunidad no es solamente para las grandes marcas
Aquí debemos tener cuidado.
No quiero que el crecimiento de nuestra comunidad signifique únicamente que grandes compañías descubran un nuevo grupo de consumidores al que vender productos.
La oportunidad tiene que ser también nuestra.
Debemos construir empresas.
Debemos crear marcas.
Debemos invertir.
Debemos profesionalizar nuestros negocios.
Debemos aprender financiación.
Marketing.
Tecnología.
Gestión.
Inteligencia artificial.
Comercio electrónico.
Internacionalización.
Y debemos empezar a pensar más en grande.
Porque el verdadero salto económico de la comunidad llegará cuando dejemos de ser vistos principalmente como trabajadores y consumidores y comencemos a tener también una mayor presencia como empresarios, directivos, inversores y generadores de empleo.
Hay ejemplos que demuestran que ese camino ya ha comenzado.
En Periódico Latino hemos conocido durante los últimos meses historias de empresarios, directivos, profesionales y emprendedores latinoamericanos que están creciendo en sectores muy distintos, desde servicios financieros hasta construcción, consultoría, inmobiliario, comercio, cultura o empresas con presencia internacional.
Eso es algo que debemos visibilizar mucho más.
Porque nuestros jóvenes necesitan también esos referentes.
Integrarnos no significa conformarnos
Defender esta visión económica no significa ignorar los problemas.
Existen dificultades reales.
La vivienda se ha convertido en un enorme obstáculo.
Hay profesionales trabajando por debajo de su formación porque sus títulos tardan demasiado en homologarse.
Existe burocracia.
Hay discriminación.
Existen situaciones de precariedad.
Y muchas personas todavía atraviesan procesos migratorios largos y complejos.
Pero defender a nuestra comunidad no significa presentarla permanentemente como víctima.
También tenemos que hablar de responsabilidad.
De formación.
De disciplina.
De profesionalización.
De participación.
De educación financiera.
De emprendimiento.
Y de aquello que nosotros mismos podemos mejorar.
Porque integración significa derechos.
Pero también significa responsabilidades.
Necesitamos ocupar nuevos espacios
Creo que el siguiente gran paso de la comunidad latina en España será pasar de la presencia a la influencia.
Necesitamos más empresarios latinos.
Más periodistas.
Más profesores.
Más médicos.
Más abogados.
Más ingenieros.
Más investigadores.
Más directivos.
Más profesionales.
Más asociaciones fuertes.
Más jóvenes llegando a la universidad.
Más empresas creciendo.
Más participación social.
Y también mayor presencia en espacios donde se toman decisiones.
No podemos limitarnos a trabajar, pagar impuestos y regresar a casa.
Si una decisión municipal afecta a nuestro barrio, debemos participar.
Si una normativa afecta a nuestros negocios, debemos conocerla.
Si tenemos derecho a votar, debemos ejercerlo.
Si nuestros hijos estudian aquí, debemos involucrarnos en su educación.
Si existen organizaciones empresariales, universidades, asociaciones profesionales y espacios sociales, tenemos que estar presentes.
La verdadera integración empieza cuando dejamos de sentirnos usuarios temporales de un país y empezamos a sentirnos responsables también de su futuro.
Podemos ser latinos y españoles al mismo tiempo
Integrarse tampoco significa olvidar nuestras raíces.
Podemos sentir orgullo por nuestra gastronomía, nuestros acentos, nuestras tradiciones, nuestra música y nuestros países de nacimiento.
Y al mismo tiempo sentir España como nuestra casa.
Una identidad no tiene necesariamente que destruir a la otra.
Puede enriquecerla.
España y América Latina tienen algo que pocas regiones del mundo comparten con tanta intensidad: idioma, cultura, historia, relaciones familiares y una circulación permanente de personas, empresas e ideas.
Creo que la comunidad latinoamericana puede convertirse en uno de los grandes puentes económicos, culturales y empresariales entre España y América Latina.
Pero para conseguirlo tenemos que abandonar dos extremos.
Ni debemos vivir permanentemente como extranjeros dentro de nuestras ciudades.
Ni debemos creer que integrarnos significa borrar nuestra identidad.
También debemos cambiar la manera en que nos vemos
Durante muchos años escuché una frase constantemente entre quienes emigramos:
“Algún día regresaré a mi país.”
Algunos regresaron.
Muchos otros no.
No porque hayan olvidado sus raíces.
Sino porque mientras esperaban regresar fueron construyendo otra vida.
Aquí nacieron sus hijos.
Aquí crearon su negocio.
Aquí hicieron amigos.
Aquí compraron una vivienda.
Aquí cotizaron.
Aquí enterraron incluso a familiares.
Aquí está una parte fundamental de su historia.
Por eso debemos empezar a hablar con naturalidad de esta nueva realidad.
La comunidad latina no es únicamente una comunidad inmigrante.
Es una comunidad que está echando raíces.
Los medios latinos también tenemos que evolucionar
Después de más de veinte años trabajando en comunicación dirigida a la comunidad latina, he podido observar esta transformación desde un lugar privilegiado.
He escuchado miles de historias.
Historias de éxito.
Historias de fracaso.
Personas que llegaron con prácticamente nada y levantaron una empresa.
Profesionales que tuvieron que comenzar desde cero.
Familias que estuvieron años separadas.
Personas que consiguieron reencontrarse con sus hijos.
He visto también cómo han evolucionado nuestras necesidades.
Hace veinte años un medio latino tenía que explicar dónde encontrar determinados productos, cómo realizar una llamada internacional o dónde celebrar las fiestas de nuestros países.
Hoy nuestra audiencia necesita mucho más.
Necesita información sobre economía.
Vivienda.
Empleo.
Inversiones.
Emprendimiento.
Tecnología.
Inteligencia artificial.
Educación.
Política.
Pensiones.
Financiación.
Empresas.
Y oportunidades.
Los medios latinos tenemos, por tanto, una responsabilidad.
No solamente debemos reflejar a nuestra comunidad.
También debemos ayudarla a evolucionar.
Una nueva etapa: La Mirada de Diego Simbaña
Precisamente con ese espíritu nace este espacio.
La Mirada de Diego Simbaña no nace para decirle al lector lo que tiene que pensar.
Tampoco pretendo tener siempre la razón.
Y seguramente habrá semanas en las que algunos lectores estarán completamente en desacuerdo conmigo.
Eso está bien.
Lo que quiero es que conversemos sobre asuntos que considero importantes para nuestra comunidad y para la sociedad española de la que formamos parte.
Hablaremos de inmigración.
Pero no solamente de inmigración.
Hablaremos de empresas.
Economía.
Vivienda.
Emprendimiento.
Política.
Educación.
Medios.
Tecnología.
España.
Latinoamérica.
Y, cuando sea necesario, hablaremos también de nosotros mismos y de aquello que debemos mejorar.
Intentaré hacerlo desde la independencia, desde los hechos y desde más de dos décadas escuchando diariamente a nuestra comunidad.
Y quiero comenzar esta etapa con una idea muy sencilla.
Ya no somos invitados
Los latinos ya no somos invitados en España.
Trabajamos aquí.
Cotizamos aquí.
Nuestros hijos crecen aquí.
Estudiamos aquí.
Emprendemos aquí.
Compramos aquí.
Invertimos aquí.
Creamos empleo aquí.
Construimos familias aquí.
Y ayudamos cada día a construir este país.
Pero nuestra siguiente etapa no debería consistir simplemente en demostrar cuánto aportamos.
Tenemos que aspirar a algo mayor.
A participar.
A crecer.
A crear.
A ocupar nuevos espacios.
Y a aprovechar las oportunidades que está generando nuestra propia transformación como comunidad.
Durante muchos años nos preguntamos:
¿Qué oportunidades puede ofrecernos España?
Quizá ha llegado el momento de añadir otras dos preguntas:
¿Qué podemos aportar nosotros a la España del futuro?
Y, sobre todo:
¿Qué oportunidades podemos crear nosotros mismos?
Esa conversación apenas comienza.
Y esta será mi mirada.
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Sobre el autor
Diego Simbaña es CEO y director editorial de Grupo Familia Latinos, ecosistema de comunicación y servicios enfocado en la comunidad latina que integra LatinosFM, LatinosTV, Periódico Latino, Muy Latino y Latinos Móvil. Cuenta con más de dos décadas de trayectoria vinculada a los medios de comunicación y a la evolución de la comunidad latinoamericana en España.
La Mirada de Diego Simbaña es su columna semanal de opinión en Periódico Latino.