¿Cómo nace la idea de realizar Influjo Psíquico y por qué decidieron tomar el caso de Rafael Correa como eje del documental?

La idea de realizar Influjo Psíquico llegó a mí a través de la productora Milyuna Historias, con quienes ya tenía una relación profesional y conocían mi trabajo como directora. Ellos me presentaron el proyecto y, desde el comienzo, estaban interesados en que una mujer asumiera la dirección, ya que el equipo de producción era íntegramente femenino.

Cuando conocí la historia, me llamó inmediatamente la atención. El caso de Rafael Correa reúne una serie de elementos tan insólitos y difíciles de creer que, de alguna manera, parecían tener todos los ingredientes para convertirse en una película. Pero más allá de lo extraordinario del caso, lo que me interesó fue lo que había detrás: la posibilidad de utilizar esta historia como una puerta de entrada para explorar el fenómeno del lawfare y la manera en que los mecanismos judiciales pueden llegar a entrelazarse con disputas y conflictos políticos.

El caso ecuatoriano me parecía, además, especialmente interesante porque permitía observar este fenómeno a través de una historia concreta, con personajes, consecuencias y diferentes puntos de vista, en lugar de abordarlo únicamente desde una perspectiva teórica. Así nació mi interés por hacer de Influjo Psíquico no solamente una película sobre Rafael Correa, sino una película que, a través de su caso, planteara preguntas más amplias sobre justicia, poder y política.

¿Por qué eligieron el concepto de “influjo psíquico” como título de la película y qué representa dentro de la historia que construyen?

La película tuvo varios títulos de trabajo durante su desarrollo, pero finalmente decidimos quedarnos con Influjo Psíquico porque es precisamente uno de los conceptos más polémicos y particulares alrededor del caso que contamos.

El término aparece en la propia sentencia y hace referencia a una supuesta capacidad de influencia ejercida sin necesidad de una orden directa o explícita.

Además, el concepto tiene algo inquietante y ambiguo que nos parecía muy cinematográfico. No explica la historia de antemano, sino que despierta curiosidad y adquiere su significado a medida que avanza la película.

¿Cómo fue el proceso de investigación y qué criterios utilizaron para seleccionar las fuentes, documentos y testimonios que aparecen en el documental?

El proceso de investigación fue bastante abierto y fue cambiando a medida que avanzábamos. Comenzamos recopilando información, leyendo artículos de prensa, revisando documentos y realizando entrevistas. De ahí fueron surgiendo nuevas preguntas, nombres y conexiones que inicialmente no estaban contemplados.

Desde el principio teníamos una idea general de la estructura y del guion, pero este fue transformándose constantemente según avanzaba la investigación. En un documental como este, muchas veces una respuesta lleva a una nueva pregunta y eso termina modificando el camino de la película.

También buscamos diferentes voces relacionadas con el caso, aunque no todas las personas contactadas aceptaron participar. Entre ellas estuvieron la fiscal Diana Salazar y el expresidente Lenín Moreno. Nuestro criterio fue contrastar la información y recurrir, siempre que fuera posible, a fuentes directas, documentos y testimonios de personas vinculadas con los acontecimientos.

Al tratarse de un caso político y judicial que genera posiciones muy diferentes, ¿cómo abordaste como directora el reto de construir el documental sin perder el rigor ni la perspectiva crítica?

Desde la dirección, mi intención fue construir una película que permitiera al espectador conocer los hechos, escuchar diferentes voces y hacerse sus propias preguntas.

Por eso fue muy importante contrastar la información, revisar documentos y recurrir a testimonios diversos. Al mismo tiempo, no quería esconder la complejidad del caso ni simplificarlo para que encajara en una única interpretación.

Más que ofrecer una respuesta cerrada, me interesaba plantear preguntas sobre la relación entre justicia, poder y política, y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones a partir de lo que la película presenta.

¿Qué voces buscaron incorporar para representar distintas interpretaciones del caso y hubo personas relevantes a las que quisieron entrevistar pero que finalmente no participaron?

Buscamos incorporar distintas voces relacionadas directamente con el caso, tanto personas involucradas en los procesos judiciales y políticos como otros protagonistas que pudieran aportar diferentes perspectivas.

Como mencioné anteriormente, intentamos entrevistar a la fiscal Diana Salazar, al expresidente Lenín Moreno y a Pamela Martínez, pero los tres decidieron no participar en el documental. Por supuesto, habría sido valioso poder contar con sus testimonios directos y conocer su propia perspectiva sobre los hechos.

Sin embargo, a través del material de archivo, entrevistas que ya habían concedido anteriormente y otros documentos, pudimos reconstruir buena parte de sus posiciones y de los acontecimientos, lo que nos permitió incorporar esas perspectivas dentro de la película.

La producción llevó al equipo a diferentes países. ¿Por qué fue necesario ampliar la investigación fuera de Ecuador y qué buscaban encontrar en esos lugares?

Fue necesario ampliar la investigación fuera de Ecuador porque muchas de las personas relacionadas con el caso ya no se encontraban en el país. Una parte importante de los dirigentes de la Revolución Ciudadana estaba en el exilio, por lo que viajamos para poder encontrarnos con ellos y recoger sus testimonios directamente.

También viajamos a Israel para entrevistar a Verónica Abad, quien en ese momento era vicepresidenta de Ecuador. Además, había otros entrevistados que considerábamos importantes por sus experiencias y perspectivas y que se encontraban en diferentes países.

Los viajes nos permitieron acceder a testimonios que de otra manera no habríamos podido incorporar y ampliar así la mirada sobre el caso más allá del contexto ecuatoriano.

La música de Roger Waters y Manu Chao forma parte del documental. ¿Cómo surgió esta colaboración y qué aporta su música a la película?

En realidad, Roger Waters y Manu Chao no participan en el documental como entrevistados ni aportan testimonios. Su participación está vinculada a la música de la película.

Roger Waters, a quien admiro profundamente desde hace muchos años, nos cedió una de sus canciones para que pudiera formar parte del documental. En el caso de Manu Chao, también contamos con una de sus canciones y nos ofreció unas condiciones especiales, con un precio simbólico para poder utilizarla.

Para mí fue muy importante contar con su música, no solo por su valor artístico, sino también porque ambas canciones dialogan de una manera muy especial con algunos de los temas y momentos que plantea la película.

¿Qué papel ocupa el análisis de los medios de comunicación dentro del documental y qué aspectos de la cobertura del caso decidieron investigar?

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental dentro del documental, porque son quienes construyen y transmiten gran parte del relato público sobre los acontecimientos.

Nos interesaba analizar cómo fue cubierto el caso, qué información se difundió y cómo determinados medios, de acuerdo con sus propios intereses o líneas editoriales, pueden presentar los mismos hechos desde perspectivas muy diferentes.

En algunos casos, esa manipulación o selección de la información puede contribuir a crear un determinado relato alrededor de una persona o de un proceso judicial.

Por eso, más que analizar solamente lo que ocurrió, nos interesaba también observar cómo se construyó la percepción pública de esos acontecimientos y qué relación puede existir entre esa construcción mediática y los procesos de lawfare que aborda la película.

Más allá del caso concreto de Rafael Correa, ¿qué busca plantear Influjo Psíquico sobre el concepto de lawfare y sobre la relación entre justicia, política y comunicación?

Más allá del caso concreto de Rafael Correa, Influjo Psíquico busca mostrar cómo pueden entrelazarse la comunicación, la política y la justicia en determinados procesos de lawfare. Al analizar diferentes casos, encontramos patrones de actuación que presentan elementos similares: primero se construye desde determinados medios un relato que desacredita a un actor político, después ese clima puede acompañar un proceso judicial y, finalmente, una sentencia puede tener consecuencias políticas y electorales.

Con Influjo Psíquico queríamos explicar este fenómeno de una manera sencilla y accesible, que pudiera ser comprendida por cualquier persona y no solamente por juristas o especialistas en estos temas. La intención es que el espectador pueda entender cómo funcionan estos mecanismos y, al mismo tiempo, hacerse sus propias preguntas sobre la relación entre poder, justicia, política y medios de comunicación.

Ahora que el documental llega a Madrid, ¿con qué preguntas o reflexiones te gustaría que saliera el público después de verlo?

Mi objetivo principal es que las personas que vean Influjo Psíquico puedan entender qué es el lawfare y cómo puede llegar a desarrollarse. Es un concepto relativamente nuevo para muchas personas y, precisamente por eso, creo que es importante explicarlo de una manera sencilla y accesible.

Más que decirle al espectador qué debe pensar sobre el caso, me interesa que la película le dé elementos para hacerse sus propias preguntas y sacar sus propias conclusiones. Para mí, el lawfare plantea una reflexión importante sobre la fragilidad de las democracias cuando la justicia, la política y los medios de comunicación empiezan a entrelazarse de determinadas maneras.

Si después de la película el público sale con más preguntas que respuestas, pero con una mayor comprensión de cómo pueden funcionar estos procesos, creo que habremos conseguido nuestro objetivo.