1. Para quienes aún no la conocen, ¿quién es Rebeca Caballero y qué aspectos de su historia personal considera que mejor la definen?
Si tuviera que definirme, diría que soy una persona muy resiliente, "echada para adelante", a la que le gusta generar confianza, conectar personas y aportar valor allí donde se encuentre. Siempre he pensado que uno debe sumar en todos los aspectos —personales y profesionales— y dejar un buen recuerdo desde el lugar en que esté.
Soy salvadoreña y estoy convencida de que el trabajo, la perseverancia y la capacidad que tiene el ser humano de transformar su realidad en una oportunidad son lo único que realmente puede llevarte a un éxito verdadero.
Siempre tuve buenos ejemplos en mi vida. De mis padres aprendí la firmeza de asumir mis responsabilidades y ayudar en casa; de mis hermanos, el ejemplo del esfuerzo constante, que mantienen hasta hoy, levantándose temprano para estudiar, formarse y crecer profesionalmente. Ante mí siempre hubo dos caminos, el fácil y el difícil, y en casa aprendí a elegir el segundo.
El compromiso es, ante todo, personal. Por supuesto que está ligado a un contrato o a la responsabilidad que adquirimos con una empresa, pero hacer bien las cosas en el trabajo no nace de ese documento, sino de los valores propios y de lo que uno representa.
Mi historia está marcada por la curiosidad, el deseo constante de aprender y la voluntad de tender puentes entre culturas y mercados. Hoy tengo el privilegio de ejercer como directora de Relaciones Internacionales de Gilmar, una responsabilidad que me permite contribuir al crecimiento internacional de la compañía y al fortalecimiento de las relaciones con clientes e inversores de distintas partes del mundo.
2. Como muchas mujeres latinoamericanas que han construido su camino lejos de su país de origen, ¿cómo llegó a España y cuáles fueron los principales retos que enfrentó en sus primeros años?
Llegar a España supuso comenzar una nueva etapa, llena de ilusión, pero también de incertidumbre.
Siempre he pensado que en la vida existen dos grandes duelos: el que vivimos cuando perdemos a un ser querido, y el que vivimos cuando migramos. Porque al salir de tu país de origen te ves obligada a dejar atrás a esa "Rebeca de El Salvador" y a empezar a construir una nueva versión de ti misma, a veces muy distinta a la anterior. Te toca soltar recuerdos, costumbres, momentos y personas.
Como le ocurre a mucha gente migrante, el principal reto fue adaptarme a un nuevo entorno profesional y cultural, construir una red de contactos desde cero y demostrar, con hechos, mi capacidad y mi compromiso.
Cada desafío se convirtió en una oportunidad de crecimiento. Comprendí que la mejor manera de integrarse es aportar, aprender de forma continua y mantener siempre una actitud abierta y positiva.
3. Usted ha desarrollado una trayectoria profesional destacada en posiciones de liderazgo y gestión. ¿Qué factores considera clave para alcanzar cargos de alta dirección en entornos tan competitivos?
No creo que exista una fórmula única, pero sí algunos principios fundamentales: la preparación constante, la disciplina, la credibilidad y la capacidad de construir relaciones de confianza a largo plazo.
Considero esencial, además, escuchar antes de decidir y esforzarme por entender otras perspectivas. A mí, en particular, me ayuda mucho escuchar a mi director general, Héctor Tramullas, porque me invita a reflexionar desde una visión más amplia y no solo desde la mía. También es clave rodearse de equipos diversos y entender que el liderazgo implica asumir responsabilidades, no buscar protagonismo. La constancia y la coherencia terminan siendo grandes aliadas del crecimiento profesional.
También creo que hay que reconocer que somos humanos y permitirnos equivocarnos. Es importante identificar los errores y corregirlos, tanto interna como externamente, pero sobre todo asumirlos sin recriminarnos cada día, porque lo que cuenta es mejorar constantemente. Es como una actualización de software: siempre en marcha, siempre para mejorar.
4. A pesar de los avances, las mujeres siguen enfrentando barreras para acceder a puestos de decisión. Desde su experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos que aún persisten?
Se han logrado avances importantes, pero todavía existen estereotipos y sesgos que dificultan el acceso de muchas mujeres a puestos de alta responsabilidad. En el caso de Gilmar, nuestros CEOs son dos empresarios con una excelente trayectoria, y ambos depositan su confianza en dos mujeres que lideran sus agendas, definen objetivos y cuidan al equipo. Dejarse guiar por la perspectiva de mujeres que han encontrado la fórmula para formar parte de esas decisiones importantes ayuda a construir una visión más empresarial.
En términos generales, cuando formamos parte de una organización es importante identificar las dinámicas y los roles internos para saber cómo aportar mejor y dejar que nuestro desempeño hable por nosotras. A diferencia de Hispanoamérica, considero que en España el papel de la mujer en el ámbito empresarial está muy consolidado, con líderes destacadas en distintos sectores y trayectorias muy sólidas. Las oportunidades existen, pero hay que perseguirlas con disciplina y seguridad.
5. ¿Ha sentido que ser mujer y migrante latina ha supuesto obstáculos adicionales en su desarrollo profesional? ¿Cómo los ha afrontado?
Toda experiencia migratoria trae retos adicionales y, en ciertos momentos, es necesario demostrar más para que el trabajo sea reconocido. Sin embargo, siempre he procurado convertir esas circunstancias en una motivación para seguir preparándome y ofrecer resultados.
En Gilmar se le da la oportunidad a todo el mundo; ahí siempre se ha dicho que crece más quien más trabaja y quien llega a sus metas, como en toda empresa, institución u organización.
Ellos dicen, con orgullo, que tienen una directora de relaciones internacionales salvadoreña, y cada vez que algo destaca de mi país —a nivel social, político, económico o deportivo— lo celebran como propio, como si se pusieran la camiseta de El Salvador.
6. En los últimos años se habla mucho del liderazgo femenino. ¿Qué características cree que aportan las mujeres a los equipos directivos y a la toma de decisiones estratégicas?
No creo que exista una única forma de liderar, pero sí considero que muchas mujeres aportan una visión especialmente orientada a la colaboración, la empatía, la comunicación y la construcción de consensos.
La diversidad en los equipos directivos mejora la calidad de las decisiones porque incorpora distintas perspectivas. Las empresas que lo entienden son organizaciones más innovadoras, más competitivas y mejor preparadas para afrontar los retos del futuro.
7. ¿Qué papel han jugado la confianza en sí misma, la formación continua y la construcción de redes profesionales en su crecimiento como líder?
Han sido fundamentales. La confianza en mí misma, en que puedo lograrlo —muy a pesar del síndrome de la impostora, que muchas mujeres sufrimos porque vivimos comparándonos constantemente— es lo que me ha permitido ser firme en mis decisiones. En distintos momentos de mi carrera, las circunstancias me han permitido ver oportunidades e ir tras ellas.
Siempre me he sentido como una "cazadora": veo la oportunidad y voy a buscarla. Mi mejor consejo ha sido siempre "ve a por ello", y aplica a todo en la vida: si quieres cambiar algo, tienes que levantarte e ir a por ello.
Nadie nace sabiendo; uno mismo se construye con preparación, experiencia y aprendizaje constante. Nunca dejamos de aprender, sin importar el cargo que ocupemos.
Las redes profesionales, además, son una herramienta extraordinaria para compartir conocimiento, generar oportunidades y colaborar con personas que enriquecen nuestra visión. Ningún liderazgo se construye en solitario; necesitamos mentores, y en mi caso siempre procuro rodearme de los mejores.
8. Muchas mujeres migrantes llegan a España con grandes capacidades, pero también con incertidumbre y miedo al fracaso. ¿Qué consejos les daría para abrirse camino profesionalmente y aspirar a puestos de responsabilidad?
Les diría que no subestimen su talento ni su experiencia. Volvemos al síndrome de la impostora, pero aquí agregaría algo más: lo importante es la versión de nuestra historia que nos contamos a nosotras mismas y a los demás. ¿Vine a este país a contar una historia triste, o vine a aprovechar la oportunidad de convertirme en una nueva versión de mí misma, en una página en blanco?
En esta etapa en la que empezamos a construir esa nueva historia, todo cuenta: invertir en formación, tener claro nuestros objetivos, conocer el entorno en el que queremos desarrollarnos, construir una red profesional y ser pacientes con los resultados. Cada paso suma. Los obstáculos no deben interpretarse como un límite, sino como parte del proceso de crecimiento. La perseverancia suele marcar la diferencia.
9. ¿Cómo puede el mundo empresarial e institucional contribuir a que más mujeres, especialmente migrantes, tengan acceso a oportunidades de liderazgo y crecimiento?
Las empresas y las instituciones tienen un papel decisivo. Es necesario impulsar programas de mentoría, formación, desarrollo del talento y promoción interna basados en criterios objetivos, en España hay muchas empresas que promueven este tipo de iniciativas.
También es importante visibilizar referentes que inspiren a otras mujeres y generar espacios donde la diversidad se entienda como una ventaja competitiva, y no únicamente como un compromiso social —como este medio, que hoy me da la oportunidad de contar mi historia.
10. Mirando a las nuevas generaciones, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a las jóvenes mujeres latinoamericanas que sueñan con liderar, emprender o transformar la sociedad desde cualquier ámbito profesional?
Les diría que crean en sí mismas, incluso cuando el camino parezca difícil. Las fronteras solo limitan los países, pero el talento no tiene nacionalidad ni género, ahora bien, requiere de preparación, disciplina y perseverancia para desarrollarse.
Que nunca dejen de aprender, que se rodeen de personas que las inspiren y que no tengan miedo de asumir nuevos retos. Cada mujer que rompe una barrera abre camino para muchas otras. Ese es el verdadero valor del liderazgo: crecer haciendo posible que otros también puedan hacerlo.