1.- Para quienes aún no la conocen, ¿quién es Mary Ponte y cómo describiría el camino personal y profesional que la ha traído hasta España?

Soy venezolana/española, hija de un migrante gallego que llegó a Venezuela en los años 50 con tan solo 17 años, en búsqueda de un futuro que, en ese entonces, su España natal no podía ofrecerle.

Crecí en un país que recibía cientos de miles de migrantes debido a su boom económico y a las distintas crisis ocasionadas por guerras y dictaduras en otras partes del mundo, por lo que para mí era habitual, en esa Caracas cosmopolita, compartir con españoles, colombianos, portugueses, italianos, argentinos y personas de todas partes del mundo. Así crecí, amando esa Venezuela próspera y libre, llena de oportunidades para los nativos y para todo el que llegaba con ganas de desarrollarse. Venezuela era una de las democracias más consolidadas del mundo hispano.

Soy abogada y licenciada en Educación Especial de profesión, pero lo que más me ha movido en mi vida es la vocación de servicio público, por lo que, en un país donde cada vez había más vulneración de derechos, injusticias, pobreza y necesidades sociales, la política para mí no fue una elección, sino un llamado a servir desde lo público, al tiempo de luchar por las libertades que se iban coartando.

Mi lucha por la libertad de Venezuela terminó llevándome al exilio, como a muchos otros políticos, en una primera etapa a trabajar en el Parlamento Europeo en Bruselas y, posteriormente, terminé volviendo a España, la tierra que un día vio partir a mi padre.

2.- Usted nació y se formó en Venezuela. ¿Cómo ha sido su propia experiencia migratoria y qué aprendizajes le ha dejado vivir entre dos realidades y culturas?

Siempre he dicho que he vivido dos migraciones. Nací en una familia migrante: mi padre gallego y mi madre, originaria de la región andina de Venezuela, que también migró a Caracas en búsqueda de un futuro mejor.

En el colegio me llamaban “Galle”. Solía llevar comida española; recuerdo algunos días que comía filloas mientras mis compañeros llevaban arepas. Para ellos, esa extraña panqueca gallega despertaba mucha curiosidad. En diciembre, por ejemplo, además de hallacas, no podía faltar en la mesa de mi casa un bacalao al mejor estilo gallego. Así fueron mis primeros años en Venezuela, no muy distintos a los de muchos jóvenes que hoy viven en España, hijos de tantos migrantes.

En Venezuela pasé momentos difíciles; sin duda, el más duro fue ver cómo mataban frente a mí a mi esposo, quien también se dedicaba a la política, y, años después de su homicidio, mi propio secuestro. Fue vivir cómo la impunidad era ley, pues al día de hoy sigue sin hacerse justicia.

Finalmente, la represión del régimen llegó a un punto en que estaba trabajando en el Parlamento Europeo con asuntos para Hispanoamérica y me llamaron para decirme que no podía volver, pues no estaría garantizada mi seguridad.

Así llegué a España. Volví a la tierra de mi padre, con un pasaporte español, sí, pero a iniciar de nuevo en un país desconocido, a integrarme junto a cientos de miles de venezolanos que huían masivamente del país en el año 2017.

3.- Antes de asumir su actual responsabilidad, desarrolló una trayectoria en el ámbito político y diplomático. ¿Cuáles han sido los momentos que más han marcado su carrera?

En mi carrera profesional, previa a la Delegación para la Hispanidad y la Libertad de la Generalitat, marcaron especialmente mi vida dos responsabilidades:

En primer lugar, mi responsabilidad como presidenta del Concejo de los Niños, Niñas y Adolescentes, especialmente en el municipio Sucre del estado Miranda. Para quienes no conocen dicha localidad, en ella está Petare, una de las barriadas y zonas populares más grandes de Latinoamérica.

Allí trabajé con poblaciones en especial vulnerabilidad, aprendí acerca de muchas dinámicas que se generan por la precariedad y viví en primera persona una de las experiencias más satisfactorias para una persona que se dedica a la política por vocación: presenciar cambios positivos gracias a la gestión pública realizada.

La segunda experiencia más importante de mi carrera fue el trabajo en el área internacional, el cual inicié en una primera instancia como secretaria internacional de Primero Justicia y, posteriormente, como representante diplomática de la Asamblea Nacional 2015 y su Gobierno Interino.

Era un contexto internacional extremadamente complejo. Una parte del mundo desconocía a Maduro como presidente y otra le daba legitimidad; sin embargo, la realidad era que Venezuela atravesaba la peor emergencia humanitaria de su historia, con el éxodo de migrantes más importante de la región, llegando a cifras similares a países en guerra.

Me correspondió ejercer esta función en un espacio extremadamente retador: Bélgica, Bruselas, Parlamento Europeo, la capital diplomática de Europa. Decenas de embajadas, más de 700 eurodiputados, Comisión Europea, entre otros tantos actores. Mi misión: conseguir la mayor cantidad de apoyos para que Venezuela pudiera volver a ser un país libre y democrático.

4.- Recientemente fue nombrada Delegada para la Hispanidad y la Libertad de la Generalitat Valenciana. ¿Cuál es la misión principal de esta nueva figura y qué objetivos se ha propuesto para esta etapa?

Antes de entrar en el trabajo de esta delegación, me gustaría resaltar que esta delegación es un gran logro para la población migrante en la Comunitat Valenciana. Por primera vez, una mujer migrante ocupa una responsabilidad de este tipo en la región, lo cual no es un logro de Mary Ponte, sino de todos los migrantes que aquí residen, han constituido asociaciones, participan en política y han dado pasos para involucrarse en los asuntos públicos y aportar desde su visión lo que consideran mejor para esta región.

Dentro de la misión de esta responsabilidad, yo diría que la más importante es acercar la administración pública a las personas migrantes. Por eso, mi primer gran objetivo fue ubicar a la mayor cantidad de asociaciones y agrupaciones que, aunque no estén asociadas, tengan un impacto social positivo para los migrantes; posteriormente, apoyarles en su formalización para que se puedan asociar y que realicen su trabajo desde la formalidad correspondiente (haciendo referencia al tema de documentos y registros); y, posteriormente, tender un puente directo con la Generalitat, yendo a sus actividades y conectándoles con áreas que puedan servir para que crezcan.

Comencé esta responsabilidad a mitad de legislatura, pero mi gran aspiración, en el poco tiempo que nos queda, es que antes de finalizar la legislatura haya más asociaciones de distintas índoles, que estén más vinculadas con los asuntos públicos y que sientan que participan de forma real en la sociedad que les acoge. Esto, sin duda, será un antes y un después para todos, porque se trata de dejar la semilla para que crezcan nuevos liderazgos sociales y personas que, desde sus espacios, hagan lo necesario para el bienestar de todos.

5.- Desde su experiencia personal y profesional, ¿cuáles considera que son hoy los principales retos que enfrentan los migrantes latinoamericanos en la Comunidad Valenciana?

Siempre digo que, en primera instancia, los problemas de las personas migrantes son los mismos que los de los nacionales: el precio de la vivienda, los alquileres, el acceso al empleo, las dificultades para emprender, entre otras tantas, pues cuando llegamos a un lugar, así como somos beneficiarios de lo que hay allí construido, también vivimos las mismas carencias que puedan existir.

Ahora bien, la migración trae consigo sus propias dinámicas, que son diversas entre los distintos flujos y, a nivel específico, en las historias individuales de cada persona migrante.

Por mi parte, considero fundamental el acompañamiento en los primeros pasos; que los migrantes puedan aprender cómo acceder al mercado laboral, cómo homologar sus títulos, cómo continuar su formación, cómo emprender. Todos conocemos casos de personas que han sido autónomas y que, por desconocimiento del sistema en sí, terminan cerrando su actividad y perdiendo recursos y tiempo muy valiosos, que se hacen más sensibles cuando se es migrante.

Más que un reto, considero que la principal aspiración que debemos perseguir los ciudadanos latinoamericanos es integrarnos de manera real y efectiva. Y sé que este reto tiene dos caras en la misma moneda. En lo que respecta a nuestra parte como migrantes, debemos participar más, incluirnos en asociaciones, no solo en las migrantes, sino en asociaciones de carácter vecinal, por poner un ejemplo; afiliarnos a los partidos políticos; en definitiva, participar, siendo portavoces de lo que nos preocupa y de lo que nos debe ocupar. Y esta responsabilidad no es de Mary Ponte; necesitamos muchas personas que estén en espacios como en el que estoy para que el impacto sea más amplio. Y, en lo relativo a la sociedad de acogida, la apertura para asumir a la migración como una oportunidad de transformación y desarrollo.

6.- Uno de los temas que más preocupa a los profesionales migrantes es la homologación de títulos y la inserción laboral. ¿Qué avances o propuestas se están impulsando desde su delegación para responder a estas necesidades?

La homologación de los títulos profesionales es una de las principales reivindicaciones de las personas migrantes, ya que constituye el mecanismo más adecuado para aportar su formación, experiencia y profesionalidad a la sociedad que las acoge. Al mismo tiempo, les permite desempeñarse en aquello para lo que se han preparado y en lo que cuentan con experiencia, generando ingresos y contribuyendo, a través de su actividad y del pago de impuestos, al bienestar y al desarrollo del conjunto de la sociedad.

Mucho antes de asumir una responsabilidad institucional ya trabajaba para visibilizar esta problemática, incluso en las instituciones europeas. Fruto de ese trabajo presentamos la Petición n.º 137/2024 ante el Parlamento Europeo, respaldada por cerca de 1.000 personas, y esperamos que pueda ser debatida próximamente en la comisión correspondiente.

Ahora, desde mi responsabilidad institucional, mi compromiso es seguir impulsando esta reivindicación y trabajar en todas las instancias posibles para contribuir a su solución, siendo plenamente consciente de que la homologación de títulos es una competencia del Gobierno de España.

7.- La Comunidad Valenciana cuenta con una creciente población latinoamericana. ¿Cómo pueden las instituciones fomentar una integración que preserve las raíces culturales y, al mismo tiempo, fortalezca la participación ciudadana? Creo que, más allá de las instituciones, yo replantearía la pregunta: ¿cómo podemos hacer, como migrantes, para que las instituciones trabajen en favor de nuestra integración, participación y respeto a la diversidad? Y por qué lo quiero plantear así: porque, después de una vida como política, sé cómo trabajan las instituciones, aquí, en Venezuela, en Bélgica o en cualquier parte del mundo, y el patrón es igual. Diariamente manejan una importante cantidad de temas, algunos urgentes, otros de gestión diaria, pero siempre he visto que los que son atendidos terminan teniendo algo en común: detrás de ellos hay organizaciones, asociaciones o simplemente personas agrupadas promoviéndolos.

Con esto no quiero decir que esté bien o mal, sino que es una dinámica. Y aquí mi invitación es a que participemos más, a que vayamos a los partidos políticos, que toquemos las puertas de los ayuntamientos, que llevemos iniciativas, que nos vean organizados y que seamos nosotros mismos embajadores de nuestras problemáticas o propuestas para la sociedad que nos acoge.

En el caso de la Generalitat Valenciana, se abrió un espacio muy importante y he visto cómo, a pesar de su reciente creación, no hemos parado de trabajar, de ir a actividades, de sostener reuniones, de escuchar, de actuar. Sin embargo, esto debe hacerse en muchas más instituciones y, para ello, nuestra responsabilidad es clave: participar.

8.- Usted suele hablar de la Hispanidad como un espacio de encuentro entre pueblos. ¿Qué significado tiene este concepto en el contexto actual y qué oportunidades ofrece para fortalecer los vínculos entre España y América Latina?

Pocas comunidades de naciones tienen una palabra que pueda ser equivalente a Hispanidad. Normalmente hacen referencia a quienes comparten un idioma o que han sido antiguas colonias de tal o cual país, no más. En el caso de la Hispanidad, se hace referencia a una unión de idioma, cultura, historia, creencias y demás características que unen a casi 600 millones de habitantes en todo el planeta.

Yo nací en un contexto de Hispanidad. Mi padre nació en un pueblo de A Coruña, específicamente en Bergondo. De allí se subió al trasatlántico Begoña y cruzó el Atlántico; bajó en el puerto de La Guaira y, desde el primer instante, podía comunicarse en el mismo idioma de la sociedad que le recibía y también traía consigo usos y costumbres muy similares a la sociedad que le iba a acoger.

Hoy en día, en una España en la que viven personas de todas partes del mundo, cobra más significado que nunca este concepto, porque la Hispanidad es integración. Es que, desde las diferencias que puedan existir por el lugar en que hemos nacido, estamos hablando un idioma, hemos adoptado usos y costumbres de aquí, compartimos una cultura y, sobre todo, nos sentimos identificados con España y todo lo que representa este maravilloso país que nos ha acogido y del cual debemos sentirnos muy orgullosos.

9.- A lo largo de los años ha trabajado muy cerca de comunidades migrantes. ¿Qué historias o experiencias le han impactado especialmente y le recuerdan la importancia de esta labor?

Destacar una historia entre tantas es muy difícil. Lo más relevante es que todas han sido enriquecedoras y, sobre todo, transformadoras. Si lo vemos por los motivos que llevaron a la persona a emigrar, que van desde crisis económicas, dictaduras, casos de inseguridad personal, hasta aquellas de superación profesional o iniciar una nueva etapa personal, todas traen consigo aprendizajes de vida y un fortalecimiento personal a través de la autosuperación.

Me impacta mucho la reinvención, lo que me cuentan que eran y lo que ahora son; la resiliencia; la permanente superación de los obstáculos que han vivido durante el proceso migratorio y cómo han ido sorteando cada uno de ellos, reaprendiendo a desenvolverse en un sistema distinto y abriéndose a tener una mirada diferente de la propia y, por lo tanto, más amplia.

En definitiva, todas las historias son importantes, válidas y llenas de méritos, porque solo cada migrante conoce de primera mano lo que ha tenido que vivir, los obstáculos a los que se ha enfrentado y cómo ha tenido que hacer para salir adelante. Por eso, en este apartado, quiero que mi mensaje principal sea ese: reconocer la valentía, el trabajo y los méritos de todos.

10.- Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría enviar a los miles de latinoamericanos que han elegido España, y especialmente la Comunidad Valenciana, para construir un nuevo proyecto de vida?

Quiero invitar a todos los hispanos y, en general, a todos los migrantes a salir a la calle con la frente en alto; a levantar la persiana de nuestros emprendimientos, a desempeñar con orgullo el trabajo que hacemos cada día, a homologar nuestros títulos, a continuar nuestra formación y a convertirnos en ciudadanos de primera, porque eso es exactamente lo que somos.

Quiero que miremos hacia nuestro interior y nos reconozcamos en nuestras propias historias, en los momentos más difíciles que hemos superado y, sobre todo, en el lugar al que queremos llegar. Que visualicemos ese sueño que nos impulsó a buscar un futuro mejor aquí y avancemos con determinación hacia él.

Quiero invitar a todos a apoyarnos mutuamente, a construir comunidad, a tender una mano amiga a quien la necesite, a participar activamente, a crear nuestras propias asociaciones o a sumarnos a las que ya existen. Pero, por encima de todo, quiero invitarles a sentirnos valencianos y españoles, nacidos en otras latitudes, sí, pero profundamente agradecidos con esta tierra que nos ha acogido y comprometidos con contribuir a su bienestar y a su futuro.

Cuando hablo de migración, recuerdo a mi padre: un gallego trabajador que llegó a Venezuela sin nada y que, con esfuerzo y perseverancia, logró salir adelante. Nunca olvidó su Galicia, pero también llegó a sentirse plenamente venezolano. Ese ejemplo me enseñó que conservar nuestras raíces nos da identidad y fortaleza, mientras que adaptarnos al lugar que nos recibe nos brinda aprendizaje, crecimiento y nuevas oportunidades.

Llevemos siempre con orgullo nuestras raíces y abracemos con gratitud la tierra que hoy llamamos hogar. El equilibrio entre ambas realidades nos hará, sin duda, mejores seres humanos y mejores ciudadanos.