Usted ha dicho que Naciones Unidas necesita recuperar la confianza. ¿Qué tendría que cambiar para que los Estados y los ciudadanos vuelvan a tener esa confianza en la organización?

Yo creo que la falta de confianza es por los no resultados. Todo tiene que ver con resultados. Mientras no se consigan resultados positivos de aquello para lo que se creó Naciones Unidas... Fue creada después de la Segunda Guerra Mundial para prevenir la Tercera Guerra Mundial y nos olvidamos del enfoque.

El enfoque era prevención. Y los tres pilares fundamentales de la Carta de Naciones Unidas son paz y seguridad, desarrollo económico sostenible —para que la gente sienta su desarrollo— y los derechos humanos. Pero están vinculados.

Cuando no hay seguridad y paz, no hay derechos humanos, no hay inversión, no hay desarrollo económico para la gente. Entonces, el resultado es lo que ha hecho que no haya confianza en Naciones Unidas en los últimos, yo diría, 20 años. Antes de eso, las cosas eran mejores.

Pero también tenemos que ver algo, Marcela. El tema es que cuando se creó, en 1945, después de la Segunda Guerra Mundial, eran 53 países. Ahora son 193.

Entonces, se ha creado mucha burocracia, muchas cosas de duplicación. Todo tiene que ver con falta de eficiencia, de resultados, de que la gente sienta. Por eso creo que lo que se ha hecho con el nuevo proyecto de Naciones Unidas 80, que es muy bueno, las reformas que se dieron, es la base que puede ayudar.

Pero hay que crear una visión con propósito para los próximos 20 años, cuando Naciones Unidas cumpla 100 años. ¿Qué queremos que sea Naciones Unidas de aquí para adelante?

Con una base sólida de transparencia, de menos burocracia, de más eficiencia y de menos duplicación, eso se puede conseguir.

Yo creo que la visión actual, ahora, lo que la gente pide, son resultados, es prevención. Naciones Unidas fue creada para prevenir la Tercera Guerra Mundial. Miren cómo estamos. Estamos con más de 60 conflictos internacionales.

Entonces, esto no puede seguir así. Tiene que cambiar.

Precisamente hablando de los cambios que usted menciona, ¿cuáles son las principales propuestas que plantea en su candidatura?

Yo estoy diciendo que hay que renovar. Renovar quiere decir que hay que traer personas que tengan un propósito. Las que estén en la Secretaría, en el Consejo de Seguridad, tienen que ser personas que tengan el mismo enfoque sobre para qué estamos haciendo las cosas.

Entonces, no es cuestión de cantidad de personas, es cuestión de calidad, de eficiencia, de que las personas estén preparadas para negociaciones, que conozcan lo que quiere decir mediar, porque lo que hace falta ahora es mediación.

Lo que hace falta es que el secretario general o la secretaria general sea una persona mediadora, una forma de unir las diferencias, de estar en los lugares donde los problemas pasan, de que los principales líderes se reúnan. Eso haría yo desde el comienzo.

Tienen que ser los líderes los que se sienten en la mesa a ponerse de acuerdo, como lo hicimos en las negociaciones de paz entre Ecuador y Perú. Fueron el presidente Fujimori y el presidente Mahuad, que eran enemigos y se hicieron los mejores amigos. Porque cada uno tiene una prioridad diferente y quieren la paz para su pueblo.

Entonces, se sientan en la mesa a hablar y tenemos que tener mediadores que puedan ayudar a que ellos consigan que haya un propósito final, que es conseguir la paz.

¿Qué es lo que hay que hacer? Hay que, primero, generar confianza en los líderes. Cuando se sientan a la mesa, si no hay confianza, ¿cómo se genera confianza? Sentándose ellos solos a conversar, sin mapas, sin negativos, sino a conversar sobre por qué queremos encontrar una solución.

¿Qué podemos ceder y ceder para ganar todos? Para ganar la paz hay que ceder y ceder. Si uno gana y el otro pierde, no es una paz, porque regresa. No es una solución, regresa el conflicto después otra vez.

Y es lo que está pasando. Se ponen de acuerdo en algo, uno gana, el otro pierde, y el que pierde regresa otra vez y comienzan otras guerras.

Entonces, esa es la fórmula que hay que conseguir desde el primer día que estemos en Naciones Unidas.

Usted tiene una visión muy clara sobre la mediación. Su vida ha estado marcada por diferentes experiencias y escenarios diplomáticos. ¿Cómo han influido estas experiencias en la posición que tiene ahora?

Yo he estado en diferentes lugares del mundo: este, oeste, norte, sur. Hay que entender las diferentes culturas.

Son diferentes. Un problema no se resuelve en un lugar en Latinoamérica igual que se resuelve en el Medio Oriente. Son culturas diferentes.

Hay que ponerse en el puesto del otro. Hay que dar dignidad y hacer que la gente se sienta aceptada en la sociedad. Quiere decir que no podemos criticar personas.

Yo decía siempre: lo que hay que criticar es el problema, no las personas ni los países. Es el problema.

¿Qué problemas tenemos? Problemas de corrupción, problemas de pobreza, problemas de delincuencia, problemas de narcotráfico, de temas ilegales, de inmigración. Estos problemas hay que ver por qué están sucediendo. ¿Por qué hay inmigración? ¿Por qué hay corrupción? ¿Por qué hay gente que se va al terrorismo? Porque estamos creando una sociedad de los que no tienen nada que perder.

Y cuando una persona no tiene nada que perder, se convierte en bomba humana. Entonces, ¿qué es lo que hay que generar? Hay que generar trabajo para la gente. Es lo que quiere la gente.

Quiere un trabajo digno, sentirse aceptada en la sociedad, como un ser humano que pueda soñar con algo mejor para sus hijos y sus nietos.

Entonces, eso es lo que hay que sentarse a la mesa a conversar. Entender las culturas. A veces, hablar el idioma. Yo hablo varios idiomas. El idioma ayuda mucho.

La cultura se entiende con los idiomas, se entiende con el arte y se entiende con la gastronomía. Entonces, si uno se sienta en la mesa y entiende a la otra persona, y pueden hablar el mismo idioma, ayuda muchísimo también.

Yo creo que hay muchos factores que me han ayudado a mí por esa razón.

Me gustaría que habláramos sobre la inteligencia artificial, un tema presente ahora en diferentes escenarios. ¿Qué papel cree que debería desempeñar Naciones Unidas con respecto al avance de la IA?

Me parece muy bueno lo que está pasando con la inteligencia artificial, pero hay que tener mucho cuidado porque hay que utilizar la inteligencia artificial para lo bueno, no para lo malo. Ayuda muchísimo al ser humano, pero es el ser humano quien la creó.

Por eso es que la están llamando superinteligencia, porque no es artificial. Es real. No es una inteligencia artificial.

Es el ser humano quien la creó. Es superinteligencia. Es la inteligencia de las personas unidas que se convierte en una inteligencia suprema con mucho poder.

Pero, entonces, ese poder lo hemos hecho nosotros. Ahora vemos que puede controlarnos la inteligencia artificial o la inteligencia poderosa. ¿Por qué puede controlarnos? Porque no estamos trabajando en equipo.

Estamos viendo que va a haber una diferencia entre los que tienen y los que no tienen. No solamente en la diferencia de recursos, sino en la diferencia de tecnologías.

Entonces, hay que unir a los países que están liderando ahora, por ejemplo, la inteligencia artificial. Estados Unidos y China son los principales. Tienen que sentarse juntos a la vez y decir: ¿cómo podemos controlar esto para que no se nos vaya de las manos y se convierta en un tema que nos pueda controlar, en lugar de nosotros controlarlo?

Porque hemos hecho esto para ayudar a la gente, no para que se utilice en lo negativo, que puede ser muy peligroso.

Yo digo: se puede convertir en una fuerza más grande que la bomba nuclear si no hacemos algo para que se trabaje por el bien, que se use por el bienestar de la gente, porque puede ayudar muchísimo en muchos factores.

¿Podría adelantarnos en qué consiste su propuesta respecto a la inteligencia artificial?

La propuesta consiste en que no podemos decir que solamente hay que dar la fuerza, la inteligencia artificial, a los países grandes.

Por ejemplo, ¿cuáles son los continentes que tienen la mayor riqueza para conseguir los minerales que se utilizan para energía? Porque para la inteligencia artificial hace falta energía, muchísima energía y minerales.

¿De dónde se consiguen? De África. África, Latinoamérica. Latinoamérica y África deben ser los lugares donde no solamente se saquen los recursos y se utilicen fuera, sino que se consiga que esos recursos que van a utilizarse para crear inteligencia artificial estén en los países mismos, para que generen trabajo a la gente.

Y eso ayudaría muchísimo. Se puede hacer en África y se puede hacer en Latinoamérica.

Entonces, que sean diferentes lugares, que no se concentre solamente en los dos poderosos, sino también en otras regiones donde puedan generar estabilidad económica y social para que la gente no se vaya a más guerras.

Porque la guerra y la migración suceden porque no tienen oportunidades. Y por eso viajan a otros países y por eso se convierten en terroristas cuando no pueden viajar. Y eso es lo que estamos viendo en la humanidad, que hay más guerras que nunca.

Usted mencionó el tema de la migración. La migración afecta a millones de latinoamericanos. ¿Cuál cree que es el papel que debe desempeñar Naciones Unidas para proteger los derechos de las personas migrantes y promover una migración segura y ordenada?

Es exactamente el rol de Naciones Unidas: crear estabilidad económica y social en los países para prevenir.

¿Qué es la prevención de guerras? Las guerras no solamente son la violencia. Es la falta de oportunidades de trabajo, la pobreza, la falta de inclusión social, de escuchar lo que necesita la gente, de servir, no servirse.

Todo esto es el rol de Naciones Unidas para prevenir las guerras. Entonces, no es difícil hacerlo.

Es solamente sentarse en la mesa juntos con todos y ver qué es lo que queremos en nuestros países. Que cada país pueda ser grande. Que cada país tenga las inversiones suficientes para poder generar trabajo a su gente, para que no tenga que emigrar.

Entonces, es crear estabilidad económica para que no se vayan a las guerras o a la inmigración.

En más de 80 años de historia, Naciones Unidas nunca ha tenido una mujer en el cargo de secretaria general. ¿Cómo se sentiría al ser la primera mujer en ocuparlo?

Para mí, el rol de la mujer es importantísimo porque nosotros sabemos la importancia del ser humano.

Como madres, sabemos la importancia de cuidar al ser humano. Y estamos viendo que quienes más pagan el precio por las guerras son las mujeres y los niños, que no tienen nada que ver.

Entonces, es una obligación de la mujer estar en posiciones donde pueda ejercer liderazgo, donde pueda tomar decisiones, que se escuche, que sea principal, que no estemos en el segundo lugar, en el tercer lugar.

En las mesas de negociaciones no vemos mujeres. Cuando hay aunque sea una mujer, puede hacer un cambio. Yo fui la única mujer en las sesiones entre Ecuador y Perú.

No es que digo que lo hice, no. Es porque vemos las cosas diferentes. Vemos el tema como un problema de todos y tratamos de encontrar una solución que sea para los dos lados, porque cada uno tiene una prioridad diferente.

Yo cuento una historia que siempre me gusta contar sobre por qué el rol de la mujer. Es un ejemplo.

En una pareja, hombre y mujer trabajan y tienen dos hijos. Los dos trabajan y se cambian. Entonces, la mujer trabaja un tiempo y se queda el esposo cuidando a los hijos.

Un día, cuando ella llega a la casa, encuentra el relajo total: peleándose los dos niños con el papá. Él le dice a ella: “Por favor, coge a tus hijos. No sé qué quieren. Quieren una naranja. No había más que una. La corté a la mitad, le di la mitad a cada uno y siguen peleando. Todos quieren entera la naranja”.

Entonces, ella les preguntó: “A ver, ¿tú por qué quieres la naranja?”. Él dijo: “Yo quiero la cáscara porque quiero hacer un cake y quiero la cáscara entera”.

Y al otro: “¿Por qué quieres la naranja entera?”. “Yo quiero hacer un vaso de jugo de naranja y no me alcanza con la mitad. Quiero toda la naranja”.

La mamá peló la naranja, le dio toda la cáscara a uno y le dio toda la naranja al otro.

Entonces, son diferentes prioridades y es algo tan simple, pero es lo que la mujer siempre hace: negociar, escuchar, encontrar soluciones. Lo hace en su casa, lo hace en sus ciudades, lo hace en su país y lo puede hacer en el mundo.

La mujer puede mover la cuna de su niño con la mano izquierda y puede mover el mundo con la derecha. Podemos hacer varias cosas a la vez.

Hace falta en Naciones Unidas que haya una mujer ahora, una madre.

De ser elegida, además de ser la primera mujer, sería también la segunda persona latinoamericana en ocupar ese cargo. ¿Qué significa para usted y para América Latina y el Caribe alcanzar esa representación?

Me gusta muchísimo saber que, después de Javier Pérez de Cuéllar, que lo conocí muy bien, y a su esposa Marcela, que eran una pareja maravillosa, que hicieron muchísimas cosas positivas en Naciones Unidas... En ese momento Naciones Unidas tenía un rol importante también, que se ha perdido con el tiempo.

Yo creo que eso es regresar a creer en Naciones Unidas, que tenga oportunidades no solamente Latinoamérica, de donde yo vengo, sino también el Medio Oriente, también África, también Asia, también Europa. Que sean todos los países, los pequeños y grandes.

Miren las islas, las pequeñas islas, cómo están sufriendo muchísimo por todo lo que está pasando con el cambio climático. Todos esos temas me parece que tenemos que tomar en consideración: los países grandes y los pequeños.

Yo estoy orgullosa de ser latinoamericana, de ser ecuatoriana y, por supuesto, va a ser algo importante para Latinoamérica y el Caribe, pero también tenemos que pensar en otros países, porque son miembros también de Naciones Unidas.

Yo sería una persona muy neutral. No es que voy a estar solamente defendiendo una región o la otra.

El mundo, si no estamos bien, Marcela, si nuestro vecino cercano o lejano no está bien, no está nadie bien. Vimos lo que pasó con la enfermedad del COVID, con el virus del COVID. Se paró la humanidad entera.

¿Qué pasó? Se para la economía. Nos afecta a toda la economía mundial. Entonces, esto es lo que hay que ver y eso es lo que afecta a todos los ciudadanos.

Y el rol de Naciones Unidas es ese: encontrar soluciones.

Finalmente, si los Estados miembros depositaran su confianza en usted, ¿qué legado le gustaría dejar al terminar su mandato?

Que las Naciones Unidas regresen a ser lo que empezó, que sea el lugar donde ilumine la humanidad, que Naciones Unidas se convierta en ese lugar donde se sienten todos a conversar y crear un mundo más equitativo, más pacífico, con empatía con la gente, pensar en todos.

Que no solamente sea un lugar donde van a sentarse a discutir los problemas, pero quedan en papel.

Que se convierta en eso para lo que Naciones Unidas fue creada: para crear un mundo mejor.