Hoy, 8 de mayo de 2026, la realidad de millones de hogares venezolanos volvió a ponerse sobre la mesa con la publicación de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2025). Y lo que revela es un paisaje lleno de contradicciones que impacta directamente a cada familia latina que vive aquí en España y tiene el corazón puesto en su país. El informe, que El País América ha destacado esta misma mañana, dibuja un escenario donde el dinero en el bolsillo empieza a asomar para algunos, pero la luz en casa sigue siendo un lujo intermitente para la inmensa mayoría.
Esta no es una noticia más sobre Venezuela. Es la radiografía más reciente de lo que tus padres, tus hermanos o tus hijos viven a diario. La ENCOVI 2025, de la Universidad Católica Andrés Bello, apunta a una mejora en los ingresos y un crecimiento del empleo formal. Sí, es cierto, la pobreza extrema ha caído y eso podría sonar a buenas noticias. Pero la otra cara de la moneda es brutal: solo el 10% de los venezolanos disfruta de electricidad continua y casi la mitad de los hogares no tiene acceso constante a agua potable. Además, 1,2 millones de niños están fuera del sistema educativo. ¿Qué significa esto para ti? Que el dinero que envías cada mes, con tanto esfuerzo, probablemente no solo siga cubriendo la cesta básica, sino que ahora también deba compensar la constante falta de servicios que antes dábamos por sentado.
El espejismo de la recuperación económica
Durante años, la preocupación principal ha sido la capacidad de los venezolanos para alimentarse o conseguir un trabajo. La ENCOVI 2025 trae datos que muestran un ligero respiro en esos frentes. Los ingresos medios de los hogares han subido, el empleo formal ha repuntado en algunos sectores, y la pobreza general ha retrocedido. Para quien mira desde lejos, podría parecer que el país está en una senda de recuperación. Sin embargo, un vistazo más profundo revela que esta mejora es frágil y desigual, y no se traduce en una mejor calidad de vida básica.
Imaginemos a María, una madre venezolana que vive en Valencia, España. Cada fin de mes, con el sudor de su frente en un trabajo de limpieza, envía dinero a su familia en Maracaibo. Antes, el dinero era para comida y medicinas. Ahora, aunque su hermana quizá tenga un pequeño ingreso adicional por un trabajo informal, la angustia no cesa. ¿Por qué? Porque ese dinero ahora se desvía a comprar garrafas de agua purificada porque el grifo solo gotea una vez a la semana, o a pagar un extra por una recarga de datos móviles porque la conexión a internet fija es inexistente. Peor aún, puede que parte de ese dinero se vaya en velas o en costosos generadores de gasolina para tener un poco de luz por las noches. La mejora en los ingresos es real, pero no compensa el deterioro estructural del país.
El día a día sin luz ni agua: una realidad que impacta aquí
La noticia de hoy no es abstracta. Es la confirmación de que tus seres queridos siguen lidiando con problemas que en España nos parecen de otro siglo. ¿Cómo estudiar o trabajar desde casa si no hay electricidad? ¿Cómo mantener la higiene básica sin agua corriente? Un informe del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos ha documentado que los cortes eléctricos pueden durar horas o incluso días en muchas regiones. La ENCOVI 2025 valida esta realidad a nivel nacional.
Para el migrante latino en España, esto tiene varias implicaciones directas. Primero, el propósito de las remesas se transforma. Ya no es solo "ayuda para subsistir", sino "ayuda para suplir la ausencia del Estado". Quienes envían dinero no solo están apoyando a sus familias, sino que se han convertido, sin quererlo, en proveedores de servicios básicos que el país no garantiza. Tu esfuerzo desde aquí se convierte en la única fuente de estabilidad para tus parientes, un peso psicológico enorme.
Segundo, la decisión de volver o de traer a los tuyos se vuelve aún más compleja. Si bien hay una leve recuperación económica, ¿es posible construir un futuro digno en un país donde la infraestructura básica colapsa? La mejora en el empleo formal es un paso, pero para que sea una opción real de retorno, se necesita una base de servicios mínimos que hoy no existe. Piensa en esa tía que sufre de hipertensión y necesita un refrigerador para sus medicamentos; sin electricidad constante, su salud está en riesgo diario.
Educación y futuro: la generación perdida que preocupa
El dato de 1,2 millones de niños fuera de la escuela es una herida abierta que la ENCOVI 2025 no solo confirma, sino que pone en el foco de la conversación. No hablamos solo de pobreza económica, sino de pobreza de oportunidades. Los niños que hoy no acceden a la educación son el futuro de un país. Para ti, en España, esto significa que tus sobrinos o los hijos de tus amigos están perdiendo años cruciales de formación, hipotecando sus posibilidades de salir adelante.
Esto puede llevar a decisiones difíciles para las familias latinas en España. Muchos padres y madres migrantes tienen la esperanza de que sus hijos en Venezuela puedan tener una vida mejor. La falta de acceso a la educación los empuja a plantearse si no es mejor hacer el esfuerzo y traerlos aquí, a pesar de las dificultades migratorias y la separación que esto implica. La educación se convierte en otro factor de peso en la balanza migratoria.
¿Qué mirar ahora mismo desde España?
La noticia de la ENCOVI 2025 de hoy nos deja claro que la situación en Venezuela es de una recuperación con dos velocidades: una económica muy lenta y parcial, y otra de servicios básicos que sigue en picado. Para quienes tienen familiares allí, es crucial no dejarse llevar solo por los titulares de una mejora económica general. Hay que preguntar, hay que entender qué significa esa mejora en el día a día.
Mantente informado no solo de los indicadores macroeconómicos, sino de la situación de los servicios públicos en tu región específica. Sigue de cerca las noticias sobre infraestructura, cortes de luz y suministro de agua. Comparte esta información con tu familia para que puedan tomar decisiones informadas sobre cómo gestionar los recursos, incluyendo las remesas que les envías. El camino para Venezuela es largo y lleno de obstáculos, y para quienes miramos desde España, el reto es entender y apoyar de la forma más efectiva posible. La esperanza existe, pero está teñida de una realidad compleja que exige estar alerta y con los pies en la tierra.