Los sueldos de convenio en España llevan ya cinco meses seguidos perdiendo la batalla contra el aumento generalizado de los precios. El último dato, publicado esta semana por El País Economía, lo deja claro: mientras los salarios pactados en convenios subieron de media un 3% hasta julio, el Índice de Precios al Consumo (IPC) escaló hasta el 3,5%. Una diferencia de medio punto que se traduce directamente en menos dinero real en el bolsillo y, para muchas familias latinas, un nudo más apretado en la garganta.

Esta situación no es nueva, pero se ha agudizado de forma alarmante desde el estallido de la guerra de Irán, que ha disparado los costes de la energía y de muchos productos básicos. Para el trabajador latino que se esfuerza día a día en sectores como la hostelería, la construcción o los servicios –muchos de ellos regidos por convenios colectivos–, este desfase entre su nómina y el coste de la vida significa que, aunque cobre más en nominal, cada mes puede comprar menos con su dinero. La ecuación es sencilla y dolorosa: más trabajo, menos alcance.

El impacto directo en el día a día

¿Qué significa realmente ese 0,5% de diferencia? No es solo una cifra abstracta en un informe. Significa que el kilo de arroz cuesta un poco más, que la factura de la luz se lleva una parte mayor del presupuesto, que el alquiler, si no ha subido ya, sigue siendo una losa y que ese euro que se envía a casa cada mes pierde valor al llegar a destino. Es una erosión constante del poder de compra que afecta la planificación familiar, la capacidad de ahorro y, en muchos casos, la posibilidad de enviar remesas a sus países de origen, un pilar económico para miles de hogares latinos.

Pensemos en una familia con dos adultos trabajando bajo convenio, quizás uno en limpieza y otro en reparto. Aunque sus sueldos hayan aumentado un 3%, los gastos del supermercado, el transporte o el colegio de los niños han subido un 3,5%. Al final del mes, ese pequeño desfase se nota. Puede ser la diferencia entre poder comprar un tipo de fruta u otro, o tener que apretarse el cinturón para llegar a fin de mes, una realidad que se repite en muchos hogares en Madrid, Barcelona, Valencia o cualquier ciudad española con una fuerte presencia latina.

Remesas bajo presión: un doble golpe

El efecto de esta pérdida de poder adquisitivo se amplifica para quienes sostienen a sus familias en el extranjero. Las remesas, ese salvavidas económico que envía la comunidad latina desde España, se ven doblemente afectadas. Primero, porque con menos dinero real aquí, hay menos excedente para enviar. Segundo, porque la inflación también afecta al valor del dinero en los países de origen, aunque esto es un factor más complejo y variable.

Según un análisis reciente de Mundiario, las remesas son una arteria vital para miles de hogares en América Latina. Pero si el salario en España apenas cubre los gastos aquí, la cantidad que puede destinarse a apoyar a la familia de allá se reduce. Esto genera una presión adicional sobre los trabajadores, que ya sienten la responsabilidad de ser un motor económico para dos hogares a la vez: el suyo en España y el de sus seres queridos en Colombia, Ecuador, Perú o República Dominicana.

¿Qué opciones quedan ante esta realidad?

La situación no es fácil, pero entenderla es el primer paso para buscar soluciones. Para los trabajadores latinos, es fundamental revisar el convenio colectivo al que están adscritos. Conocer el porcentaje de subida pactado y compararlo con el IPC real les da herramientas para evaluar su situación. Si bien la negociación individual es limitada en muchos puestos, saber los datos permite al menos un control de la realidad.

Algunos sindicatos y organizaciones de apoyo a migrantes están alertando sobre esta situación y buscando vías para que la subida salarial se ajuste más a la inflación. Estar informado y participar en estas estructuras puede ser una forma de presionar por mejores condiciones. Para aquellos cuyos convenios están a punto de renegociarse, este es un momento clave para que las voces de quienes sostienen la economía diaria sean escuchadas.

Además, en el ámbito doméstico, la planificación y el control de gastos se vuelven más cruciales que nunca. Buscar ofertas, comparar precios en diferentes supermercados, revisar consumos energéticos y ser conscientes de cada gasto puede marcar una pequeña diferencia. No es una solución estructural al problema de la inflación, pero sí una estrategia de supervivencia en un contexto de precios al alza.

La pérdida de poder adquisitivo por quinto mes consecutivo es una señal de alarma para miles de hogares en España. Para la comunidad latina, que a menudo se encuentra en empleos con salarios más ajustados y con la carga extra de las remesas, esta noticia es un recordatorio de que la lucha económica diaria exige estar más informado y ser más ingenioso que nunca. La mesa de negociación de los convenios y la mesa del hogar son, hoy más que nunca, escenarios donde se juega el futuro de muchas familias.