Casa de América ha incluido en su programación de marzo la película argentina Nancy, de Luciano Zito, una propuesta que podría pasar por modesta en cartel pero que toca temas de enorme fondo: trabajo precario, desigualdad, soledad y relaciones de poder marcadas por la distancia social. Precisamente por eso interesa. Porque a veces las películas más pequeñas son las que terminan rozando con más precisión la experiencia cotidiana de mucha gente.

La cinta sigue a una mujer que limpia casas en un pueblo costero y cuya estabilidad emocional y laboral empieza a resquebrajarse. No hace falta mucho más para intuir por qué puede resonar entre parte del público latino residente en España. Las historias de trabajo invisible, vínculos asimétricos y fragilidad económica resultan demasiado familiares para que la película se reciba solo como una pieza de autor sin conexión con la realidad.

Una propuesta que va más allá del cine de nicho

Casa de América presenta Nancy dentro de su Taquilla de Fin de Semana, con pases en la Sala Iberia y precios de entrada relativamente accesibles. Ese contexto ayuda bastante. La película llega a un espacio céntrico, reconocible para el público iberoamericano y con capacidad para atraer tanto a cinéfilos como a espectadores que simplemente buscan una historia bien contada y cercana a determinados conflictos sociales.

Lo interesante es que la sinopsis no se apoya en grandes discursos, sino en una vida laboral y emocional muy concreta. Una mujer que sostiene trabajos domésticos, una relación de dependencia con los dueños de las casas, un entorno de belleza aparente y un deterioro interno que va creciendo. En la práctica, la película habla de clase, de género y de desgaste sin necesidad de subrayarlo todo.

Por qué puede conectar con la comunidad latina

En España, muchas mujeres latinoamericanas trabajan o han trabajado en cuidados, limpieza o empleo doméstico. Por eso, una película que observa ese universo desde dentro, aunque esté ambientada en Argentina, puede activar una identificación inmediata. No porque todas las experiencias sean iguales, sino porque hay códigos compartidos: la intimidad ajena, la invisibilidad laboral, la dependencia económica y la sensación de estar siempre un poco a merced del contexto.

Nancy llega así a Madrid como una de esas proyecciones que conviene no medir por el tamaño de su campaña, sino por la conversación que puede dejar después. Para la comunidad latina, ver en pantalla historias donde el trabajo y la desigualdad no aparecen decorativamente sigue siendo algo poco frecuente. Y cuando ocurre, merece atención.