1. Para quienes aún no la conocen, ¿quién es Margarita Guerrero y qué momentos de su trayectoria han marcado a la persona y a la servidora pública que es hoy?

Soy una mujer de origen ecuatoriano (Loja) que creció en Murcia y, desde hace unos años, trabajo y vivo en Madrid. Digamos que, en términos identitarios, es difícil definirnos quienes tendremos siempre el corazón dividido, pero ahora me siento cómoda considerándome una persona tropi-mediterránea; así creo que condenso mis raíces y mis vivencias.

En realidad, el contexto donde crecí en mi infancia me mostró, a una edad muy temprana, las injusticias y, cuando llegué a España, algún episodio racista (en ese momento no sabía ni ponerle nombre) también me hizo entender que, ante los problemas colectivos, podemos organizarnos y aportar para cambiarlos. Empecé en la adolescencia dando apoyo escolar a otros niños y niñas migrantes, y así empecé poco a poco mi politización.

2. ¿Cuál es su historia como migrante latinoamericana en España?

Soy una de las miles de historias de niñas que crecieron sin sus madres, en la migración masiva que provocó el feriado bancario en Ecuador y obligó a casi tres millones de personas a empacar su vida en una maleta y salir a buscar mejores días para sus familias. Entre ellas estaba mi mamá, María, una joven de tan solo 25 años que dejó en Ecuador a dos hijos de 4 y 5 años.

No alcanzo a imaginar el dolor de esas madres que tuvieron que separarse de sus hijos tan pequeños. Me criaron mis tías Amelia e Isabel, mi tío José y mi abuelito Electo.

Mi hermano y yo llegamos a España un 31 de julio de 2003, el último día antes de la entrada en vigor del visado como requisito para entrar al país. Por unas pocas horas conseguimos llegar, pero pudo no ser así. Llegamos al barrio del Carmen, un barrio multicultural, y allí viví mi adolescencia.

Pertenezco a la primera generación de mi familia que estudia una carrera universitaria, siempre gracias a las becas de la educación pública y compaginando con trabajos que, aunque no salen en mi vida laboral oficial, sí dicen mucho de quién soy. Trabajé cuidando niños, ancianos y limpiando mientras estudiaba.

Pero también en ese tiempo empecé a participar en espacios sociales y políticos, tanto de Ecuador como de España. Viví lo que muchas personas con mi trayectoria han vivido: el tránsito en la identidad de no sentirte ni de aquí ni de allá; en mi caso, a sentirme de aquí y de allí y, como consecuencia, entender que puedes ser un sujeto político transnacional.

De hecho, los migrantes lo somos, aunque no tengamos una conciencia desarrollada sobre esto. Somos quienes sostenemos la economía con las remesas. Solo en 2025 se alcanzó la cifra histórica de 7.729 millones de dólares, siendo la tercera fuente de ingresos del país. Fíjate si es importante nuestra contribución, aunque no es únicamente económica; también podemos activarnos políticamente.

3. Su carrera ha estado ligada a la participación juvenil desde muy joven. ¿Qué la motivó a dedicar su vida profesional a impulsar políticas para las nuevas generaciones?

En realidad, ha sido mi trayectoria vital la que me ha traído hasta aquí. Yo elegí la carrera en un momento de crisis y estudié Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Murcia porque, siendo pragmática, pensé que tendría salidas en una región con un sector primario tan importante.

En cualquier caso, los caminos de la vida son siempre impredecibles. Así fui tejiendo mi militancia y el compromiso político me llevó a las instituciones. En 2015 fui la concejala más joven y la primera de origen migrante en Murcia.

Después fui vicepresidenta de Incidencia Política del Consejo de la Juventud de España. Allí profesionalicé mi compromiso con los derechos de las personas jóvenes, tratando de hacer pedagogía con responsables políticos.

En ese entonces, Sira Rego era eurodiputada en el Parlamento Europeo y me ofreció unirme a su equipo desde la oficina de Madrid. Tiempo después, tras las elecciones y cuando se creó el Ministerio de Juventud e Infancia, la ministra contó conmigo para asumir la gestión del Instituto de la Juventud de España. Desde entonces trabajo impulsando las políticas de juventud y para que las personas jóvenes sean sujetos de plenos derechos en el presente.

4. España cuenta con una importante comunidad de jóvenes latinoamericanos. ¿Qué aportan hoy estos jóvenes al desarrollo social, económico y cultural del país?

En realidad, sin esa comunidad no es posible entender hoy la demografía de este país. Un 24 % de las personas jóvenes residentes en España han nacido en el extranjero, y esta realidad se concentra especialmente en la franja de edad de los 25 a los 34 años.

Se trata de un crisol de culturas que convive a diario en nuestros barrios y ciudades. Concretamente, los jóvenes latinoamericanos son un puente permanente con Latinoamérica, pero también están construyendo desde aquí sus propias estrategias y creando soluciones a los problemas de aquí.

Unos estudian, otros trabajan y se organizan. No todos, porque ningún colectivo es homogéneo, pero en general es un sector de la población que realiza aportes en todos los ámbitos de la sociedad, desde la cultura y la restauración hasta la investigación en las universidades. Esto último todavía está reservado para unos pocos, porque tenemos unas desigualdades estructurales difíciles de romper. 5. ¿Cuáles considera que son los principales retos que enfrenta un joven migrante cuando llega a España para estudiar, trabajar o construir un proyecto de vida?

Todo proceso migratorio es complejo, pero no todos los procesos son iguales. No obstante, podríamos hablar de que depende de la edad a la que llegan. No es lo mismo llegar siendo niño que adolescente o joven adulto. El momento de llegar y el lugar de llegada influyen mucho.

Lo que vemos con los estudios que tenemos es el proceso de inserción social y educativa de los adolescentes latinoamericanos en España, mostrando cómo su incorporación, generalmente no voluntaria y vinculada al reagrupamiento familiar, se produce en un contexto de vulnerabilidad marcado por la ruptura de vínculos, las dificultades de adaptación escolar y las tensiones identitarias.

Las investigaciones evidencian que estos jóvenes experimentan procesos complejos de socialización atravesados por factores familiares, educativos y comunitarios, como la soledad, la precariedad laboral de las familias, la segregación relacional o la percepción de discriminación, que influyen tanto en sus trayectorias de integración como en el desarrollo de formas alternativas de pertenencia.

En este sentido, la inserción de estos adolescentes no responde a una única lógica, sino a un mosaico de experiencias en el que conviven dificultades estructurales, estrategias de adaptación y la búsqueda activa de reconocimiento e identidad en la sociedad de acogida.

Depende mucho de la red con la que cuenten, pero también del código postal donde vivan. Para nada depende únicamente del esfuerzo individual, como muchas narrativas interesadas en fomentar el individualismo se empeñan en hacer creer.

Después, a la hora de la inserción laboral, hay que tener en cuenta las dificultades que hemos mencionado en el sistema educativo y, por supuesto, la especulación de la vivienda, que atraviesa las vidas de las personas jóvenes, especialmente de las migrantes, que además de los elevados precios se enfrentan al racismo inmobiliario.

Esto significa que o bien no te alquilan por ser “extranjero” o te ponen requisitos diferentes. En realidad, la vida de las personas migrantes es una continua carrera de obstáculos.

El sistema está pensado para que ocupemos los escalones más precarios y seamos mano de obra barata. Por eso hay que denunciar el racismo institucional y también poner en valor medidas como la regularización extraordinaria, que se ha conseguido en gran medida por la enorme movilización migrante y antirracista.

Cuando estas medidas salen adelante, damos un paso adelante como sociedad.

6. Desde el INJUVE impulsan programas para fomentar la participación y la emancipación juvenil. ¿Qué oportunidades existen actualmente para los jóvenes de origen latinoamericano?

Desde el Instituto de la Juventud tenemos tanto programas propios como programas europeos, entre ellos Erasmus+ Juventud y Deporte y el Cuerpo Europeo de Solidaridad, con oportunidades de participación tanto en proyectos por todo el territorio nacional como de voluntariado por Europa.

Es importante comentar que estos programas sirven también para adquirir habilidades y competencias y mejorar la empleabilidad.

También tenemos ayudas a la creación cultural joven, al emprendimiento juvenil y los Premios Nacionales de Juventud, que reconocen la aportación de las personas jóvenes a la sociedad.

Hay un gran abanico de opciones y oportunidades que pueden explorar en nuestra web y redes sociales.

Por otro lado, también coordinamos, a través de la Estrategia de Juventud, las distintas políticas que el Gobierno de España tiene para las personas jóvenes.

Por ejemplo, ahora mismo hay dos convocatorias abiertas de otros ministerios: el Bono Cultural Joven, para quienes cumplen este año 18 años y pueden acceder a 400 euros para crear o consumir cultura; y, por otro lado, el Verano Joven, que contiene descuentos para poder viajar este verano.

También estamos reforzando los convenios con los institutos de idiomas para ampliar los descuentos a través del carné joven.

En relación con la emancipación, el Bono de Alquiler Joven lo administran las comunidades autónomas, aunque es financiado por el Gobierno central. El problema de esta medida es que, en ausencia de una regulación de alquileres, al final este dinero acaba en manos privadas.

Por eso necesitamos mejorar las políticas públicas. Especialmente importante es frenar la especulación de la vivienda, que está generando mucho sufrimiento en millones de hogares en España.

7. El acceso al empleo y a la vivienda sigue siendo una preocupación para miles de jóvenes. ¿Qué medidas considera prioritarias para garantizar un futuro con más oportunidades? La mayor urgencia social hoy en España es la vivienda, y ahí todas las administraciones tienen responsabilidad. Deben elegir entre la vivienda como negocio o como un derecho.

El alcalde de Nueva York acaba de congelar los precios de los alquileres. En otros lugares del mundo se está legislando para frenar la especulación. Lo que debe elegir España es si quiere un país para sus ciudadanos y ciudadanas o para los turistas y rentistas.

En este sentido, hay algunas comunidades, como Cataluña o Navarra, que han aplicado la Ley de Vivienda, que les permite declarar zonas tensionadas para contener los precios. Lo que no se entiende es la insumisión de todas las comunidades autónomas gobernadas por el PP a aplicar esta ley. Digo que no se entiende porque medidas como congelar los alquileres son ampliamente apoyadas también por sus votantes. Lo hacen porque piensan que no les va a pasar factura en las elecciones, pero están gobernando en contra de los intereses de sus votantes.

También, desde los ayuntamientos, se pueden y deben hacer cosas, como, por ejemplo, una mejor vigilancia de la licencia de actividad de los pisos turísticos. Una gran mayoría son ilegales.

Es un problema complejo que no se resolverá con una única medida, pero sí debemos desarrollar un robusto parque de vivienda pública. Es una medida a medio y largo plazo, pero hay que hacerlo. Otras medidas son recuperar los pisos que pertenecen a bancos que, en otros momentos, se rescataron con dinero público.

Hay muchas fórmulas, pero falta voluntad política porque quien gobierna y vota en el Congreso no tiene problemas con la vivienda, y esta desconexión es evidente.

8. A lo largo de su carrera ha trabajado en igualdad, inclusión y participación ciudadana. ¿Cuál ha sido el aprendizaje más valioso que le han dejado estas experiencias?

Me ha permitido conocer muchas realidades, de muchos tipos, pero todas evidencian las consecuencias de un sistema económico injusto que genera desigualdades, que ordena las vidas como si unas valiesen más que otras.

Todas estas vivencias me han enseñado también a entender que, en muchos lugares, hay muchas comunidades organizándose para sostener la vida cuando no llegan ni las políticas públicas ni las instituciones.

Suelo decir que estas comunidades no tienen ninguna crisis de imaginación política, porque el ejercicio de la supervivencia requiere de una innovación constante.

También he visto a la gente organizarse y conseguir conquistas maravillosas en lo cotidiano, como parar un desahucio o lograr la regularización extraordinaria.

Lo más importante que he aprendido es la fuerza que tenemos cuando nos organizamos.

9. ¿Qué pueden hacer las instituciones públicas para fortalecer la integración y favorecer una convivencia basada en la diversidad y el respeto?

En primer lugar, reconocer la existencia del racismo estructural, institucional y social.

En España, cuando dices que es un país racista, la gente se siente ofendida, como si fuese una cuestión moral. Si esta sociedad ha podido avanzar —y todavía queda mucho por hacer— en términos de igualdad entre hombres y mujeres, es porque primero reconoció que existía desigualdad de género, que existe el patriarcado y que todas las personas podemos tener actitudes machistas porque nos hemos socializado en un sistema machista.

Pues lo mismo pasa con el racismo: no podremos avanzar si no le ponemos nombre.

Vivimos tiempos muy complicados porque la extrema derecha ha entrado a las instituciones y, desde allí, con un altavoz muy potente, difunde su discurso de odio y bulos, y ha situado a los migrantes en la diana.

Lo hace para instrumentalizar el odio, porque es más fácil que una persona española pobre odie a una persona negra pobre que señalar a los poderosos que generan la desigualdad. Mira, justo hoy salen los morosos de Hacienda; curiosamente, a esos no los señala Vox.

El otro vector es el odio que se propaga por las redes sociales. Hay que recordar que los dueños de las redes sociales están en gobiernos como el de Trump; es decir, claramente alineados con políticas racistas.

En Estados Unidos ya vemos cómo funciona el ICE, deportando a migrantes y separando familias. La política migratoria europea también criminaliza a los migrantes y, por supuesto, no cuestiona qué fenómenos provocan la migración.

Quiero decir que vivimos tiempos complejos, que nos toca organizarnos y pensar estrategias colectivas para cuidarnos en estos tiempos hostiles.

Las políticas públicas pueden y deben hacer más, pero la correlación de fuerzas que tenemos hoy hace difícil avanzar con la contundencia que necesitaríamos.

Y, por supuesto, nuestros barrios ya son multiculturales. Necesitamos acciones desde los barrios y asociaciones de vecinos que permitan construir comunidades fuertes y resilientes, allí donde se junta la diversidad y no es una amenaza porque juntos luchamos por mejorar el transporte, por poner un ejemplo.

La defensa de los servicios públicos es otro lugar para unir a personas, independientemente de su procedencia, para defender conquistas sociales que protegen la vida. Imagina si no tuviésemos sanidad pública lo que costaría una operación.

Hay partidos que están en guerra contra los servicios públicos. Debemos defenderlos.

10. En Periódico Latino creemos que cada historia puede inspirar a otras. ¿Qué mensaje le gustaría enviar a los jóvenes latinoamericanos que hoy construyen su futuro en España y sueñan con generar un impacto positivo en la sociedad?

Les diría que la verdadera rebeldía hoy es romper con el individualismo.

El sistema nos vende una solución individual, pero la vida solo puede ser en comunidad. Así que, en los tiempos complejos que vivimos, tenemos que cuestionarnos si este ideal de éxito individual que nos venden no es una estrategia para mantenernos aislados.

En la medida en que los problemas que impiden que vivamos mejor son sociales —vivienda, trabajo—, también debemos implicarnos en construir las soluciones desde el sindicato de inquilinas o cualquier sindicato laboral en nuestros centros de trabajo.

Al final, cuando contribuimos a conseguir mejoras, todos y todas avanzamos.