Valencia. El Hotel Turia se llenó de aroma, sabor y recuerdos con la llegada de la Ruta del Café y el Cacao de Colombia, un encuentro que acercó a la comunidad valenciana y latina a dos de los productos más representativos del país: el café de especialidad y el cacao fino de aroma.

El evento permitió conocer de cerca el trabajo de productores colombianos que viajaron hasta Valencia para mostrar no solo sus productos, sino también las historias que hay detrás de cada grano. Desde fincas familiares hasta proyectos liderados por mujeres campesinas, la jornada se convirtió en una ventana a la riqueza agrícola, cultural y humana de Colombia.

Una de las protagonistas fue Nancy Casas, caficultora colombiana, quien presentó el café Casas Montilla, un legado familiar producido en el municipio de Palermo. Según explicó, se trata de un café cultivado a gran altura, con perfiles de taza que alcanzan altos estándares de calidad y que ha sido reconocido en ferias internacionales.

“Este café es un legado familiar. Hemos cultivado café toda la vida, pero ahora queremos transformarlo y llevarlo directamente al consumidor final”, explicó Casas durante la entrevista con Latinos TV.

La caficultora destacó que su producto no solo busca conquistar el paladar europeo, sino también dignificar el trabajo de quienes hacen posible cada cosecha. En sus empaques, elaborados con materiales ecológicos como bagazo de caña, se incluye información de trazabilidad, notas del tostador, ubicación geográfica y el nombre de las personas que cultivan el café.

Uno de los datos más destacados de su proyecto es que el 60% de sus caficultores son mujeres, muchas de ellas cabezas de familia, que han encontrado en el campo una forma de construir futuro y mantener viva la tradición cafetera colombiana.

Durante la jornada, los asistentes pudieron probar cafés con perfiles suaves, aromáticos y de alta calidad. Varios visitantes destacaron que el olor del café les recordó momentos de infancia, fincas familiares y tradiciones que siguen muy presentes en la memoria de quienes viven fuera de Colombia.

“Cuando entré y sentí el olor del café me transportó a mi niñez, cuando estaba en la finca con mi padre, que tostaba el café y luego lo molía”, contó una de las asistentes.

El cacao también tuvo un papel central en la ruta. Representantes de Alouatta Cacao, un proyecto de cacao de especialidad producido en Chigorodó, Antioquia, presentaron chocolates al 100% y al 70%, elaborados con cacao fino de sabor y aroma.

Sus representantes explicaron que solo una pequeña parte de la producción mundial corresponde a cacao fino de aroma, lo que convierte este producto en una propuesta diferenciada para el mercado europeo. Además, resaltaron los beneficios del cacao por su contenido de antioxidantes y teobromina, una sustancia asociada al bienestar y al estado de ánimo.

La presencia de mujeres en la agricultura y la agroindustria también fue uno de los temas centrales del encuentro. Productoras de café y cacao compartieron sus experiencias y demostraron el papel cada vez más importante de la mujer en el campo colombiano, tanto en la producción como en la transformación y comercialización de estos productos.

Desde la organización se explicó que este tipo de espacios permiten compartir la memoria de los territorios, reconocer el trabajo del campesinado y acercar al público europeo a productos que representan la identidad colombiana en el mundo.

Productores procedentes de departamentos como Huila, Valle del Cauca, Cauca, Cundinamarca, Norte de Santander, Risaralda y Arauca participaron en esta ruta, mostrando la diversidad de regiones cafeteras y cacaoteras del país.

El encuentro también dejó claro que el café y el cacao no son solo productos de consumo. Son historias de familias, de mujeres trabajadoras, de comunidades campesinas y de territorios que buscan abrirse camino en mercados internacionales con calidad, identidad y sostenibilidad.

Para muchos asistentes, la Ruta del Café y el Cacao fue mucho más que una degustación. Fue un viaje emocional a las raíces, una oportunidad para reencontrarse con los sabores de la infancia y una muestra del aporte cultural que Colombia sigue llevando al mundo.

Desde Valencia, el aroma del café colombiano y el sabor del cacao dejaron una huella especial: la de un país que se cuenta a través de su tierra, de sus manos campesinas y de sus productos más queridos.